Tío Gargurevich Periodista

Comparto la profesión con la docencia en la Universidad de San Marcos y la Pontificia Universidad Católica. He publicado libros sobre historias del periodismo, siendo recientes “Ultima Hora. Historia de un diario popular" y "Mario Vargas Llosa Reportero a los Quince años". Y también "Lo Mejor de Cucú Press" para los amigos.

Friday, July 20, 2007

Qué malas noticias...

Pésimas noticias nos traen hoy los diarios. La muerte de Jorge Montoro y del argentino Roberto Fontanarrosa.
La reseña de la desaparición de Jorge está en las páginas de Espectáculos cuando debería estar en la secciòn Cultura, porque nuestroviejo amigo era por sobre todo un gran actor dramático que odiaba al “poeta hipie” que recitaba la ridícula frase “agua pa’ tì, agua pa’mí” que hoy también repiten en los diarios jóvenes periodistas que no lo conocieron..
Ricardo Roca Rey dirigió en los años de 50 el legendario ciclo griego con el grupo de la Asociación de Artistas Aficionados y cuando montó “Los Persas” de Esquilo eligió a Montoro como el personaje más dramático, el Mensajero que anuncia que los griegos han destruido el ejército.
Recordaban en los ensayos que la primera actuación de Alec Guinnes había sido precisamente la de ese Mensajero y que su entrada impresionaba al público pues irrumpía en la escena acezante, agotado por el esfuerzo, tropezando, diciendo entrecortadamente el primer célebre párrafo:
-“¡Oh ciudades de toda la tierra de Asia, oh país pérsico y enorme puerto de riqueza, cómo, de un solo golpe, ha sido destruida una inmensa felicidad, ha desaparecido pisoteada la flor de los persas! ¡Ay de mí! Es una desgracia ser el primero en anunciar males”.
El secreto era que Guinnes daba una vuelta entera en un estadio cercano y calculaba el momento exacto en que debía entrar y cuando lo hacía conmovía al público.
Montoro no tenía pista para correr pero saltaba y se preparaba en los pequeños espacios interiores de la AAA y hacía también un ingreso perfecto.
Como muchos actores veteranos, Montoro tenía una soberbia experiencia en teatro primero, también en cine ¡en los Estados Unidos! y finalmente en televisión donde gracias a su cultura e ingenio dio vida a ese personaje tan celebrado, el Poeta Hippie, que él odiaba. “Qué voy a hacer, hermano” me dijo alguna vez, “chamba es chamba”, y añoraba aquellos escenarios que había compartido con, por ejemplo, Luis Alvarez, Ricardo Blume, etc.
No puedo pues lamentar la desaparición del “poeta hippie” sino de un gran actor dramático.
Y me imagino que los dibujantes, caricaturistas, humoristas de todo el mundo habrán detenido sus lápices para llorar la muerte del argentino Fontanarrosa y sus grandes personajes el cínico y cruel “Boogie” el Aceitoso, Eulogia, el entrañable y sabio gaucho Inorodo Pereyra y su perro Mendieta que hablaba, el fedaya Best Seller, etc. Sólo tenía 62 años y una crudelísima enfermedad lo fue paralizando hasta impedirle siquiera mover las manos, es decir, la peor
desgracia para un dibujante.
Se merece un mejor homenaje que estas breves líneas. Lo dejaremos para después.

Insisto: qué mal día.

Wednesday, July 18, 2007

Creyeron que Todd era espía

Historias de Periodistas

“No recluten periodistas como espías. El Director de la CIA John Deutch lo ha hecho de nuevo. En febrero fue interrogado por el Comité de Inteligencia del Senado sobre si reclutaría periodistas como espías y se rehusó a decir resueltamente que su Agencia no lo haría”.
Así comenzó su Editorial el diario norteamericano The Tampa Tribune el 28 de abril de 1996 para hacer notar que los periodistas trabajan en zonas de alto riesgo: “Ello mueren en combate. Son asesinados por gobiernos que intentan silenciarlos. Y son apresados y a veces ultimados cuando son sospechosos de ser espías”.
“Esto es lo que le pasó a nuestro colega del Tampa Tribune, Todd Smith”.
Todd Harper Smith, era un joven de 28 años, rubio y simpático, de amplia sonrisa que luego de culminar sus estudios de periodismo trabajó en los diarios Tallahase Democrat, St. Petersburg Times, San Francisco Chronicle y finalmente en el Tampa Tribune.
En noviembre de 1989 Smith llegó a Lima y viajó inmediatamente a Huancayo porque tenía interés en el tema del narcotráfico y la subversión. Seguramente seguía con atención las noticias del Perú y se sumergió, con no poca ingenuidad, en la zona que todavía dominaban rezagos de Sendero Luminoso ligados al tráfico de drogas.
Sin imaginar que era observado y seguido, Smith entrevistó a políticos y autoridades de Tarapoto, Tocache y finalmente Uchiza, es decir, el corazón del problema.
Aquí también pasó varios días preguntando, entrevistando, tomando notas. Todo Uchiza sabía de este gringo afable que preguntaba tanto.
No fue sorpresa entonces para los locales que el periodista fuera interceptado por seis jóvenes armados que se lo llevaron, como dicen los periodistas, “con rumbo desconocido”, la mañana del 17 de noviembre de 1989.
Cinco días después, el 22, fue encontrado su cadáver a un par de cuadras de la Plaza de Armas de Uchiza. Encima del pecho le habían dejado un cartel que decía: “Así mueren los espías norteamericanos ligados al Pentágono que cumplen un plan antisubversivo en América Latina y en el Perú”.
La noticia provocó gran emoción en la comunidad periodística mundial, que exigió que se investigue. Pero Todd Smith se sumaba a una larga lista de periodistas –testigos incómodos- víctimas de la Guerra Sucia peruana y además había dos frentes de investigación muy difíciles, el narcotráfico, que pagaba altas sumas por asesinar agentes de la DEA (el cártel de Medellín ofrecía 50 mil dólares) y el senderismo, que estaba muy activo, repetimos, en aquella zona.
Finalmente, tres años después y en el juicio a un terrorista que se había acogido a una ley especial, se supo lo que pasó aquel día.
“…Empezaron a golpearlo salvajemente mientras le gritaban que revele el motivo de su visita a Uchiza” dijo José Antonio Manrique a los jueces en noviembre de 1992. Y contó con detalles –impublicables- que luego de torturarlo con crueldad por casi cinco días lo estrangularon y abandonaron en la calle.
El infortunado Todd no era agente de la CIA y nada podía revelarles. Era nada más, y nada menos, que un buen reportero que quería información para un buen reportaje.
Manrique y otro cómplice fueron sentenciados al año siguiente a 30 años de cárcel por Jueces Sin Rostro pero tiempo después fueron liberados, quizá por su colaboración con la justicia.
Pero lo que no se difundió por entonces, es que Manrique afirmó que quien había ordenado la muerte de Smith había sido Fernando Zevallos, el dueño de “Aerocontinente” y que, por supuesto, niega enfáticamente la versión.
La SIP no ha abandonado el caso y en mayo del 2005 pidió al Presidente Toledo que reabriera la investigación; y hace pocos meses insistió pero no encontró repercusión alguna.
Con tan trágico ejemplo, el pedido a sus compañeros de trabajo del Tampa Tribune a la CIA sigue en pie: no recluten periodistas como espías: recuerden a Todd Smith.

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Monday, July 16, 2007

-La máquina de Márquez

Historias de Periodistas

Solo media docena de amigos acompañaron sus restos al Cementerio, entre ellos Ricardo Palma, que lo había apreciado tanto. Era el 7 de diciembre de 1907.
Hoy, a José Arnaldo Márquez lo recuerdan con calles y plazuelas y unos dicen que fue poeta y otros que periodista. La verdad es que hizo de todo –cronista, diplomático, poeta, dramaturgo, filósofo, matemático- pero más tiempo estuvo trabajando en las redacciones y de allí surgió la idea que hubiera podido hacerlo rico pero que lo arrojó a la pobreza. Por eso El Comercio en la pequeña nota en que anunció la mala nueva dijo: “El gran poeta ha muerto en el desamparo, la miseria y la soledad”.
Los historiadores lo encuentran en el periodismo desde 1848 en El Comercio y luego en El Heraldo, El Diablo, La Actualidad, El Diario, entre otras publicaciones.
Si Márquez era efectivamente era un gran periodista, poeta reconocido, educador, traductor para la Real Academia Española de Shakespeare, Byron, Longfellow y otros pues dominaba diez idiomas ¿porqué terminó sus días en una oscura habitación del Hotel Central que pagaban sus amigos?
A mediados del siglo 19 la prensa masiva de los países del norte aumentaba sus ventas de manera vertiginosa acercándose a la cifra alucinante del millón de ejemplares. Tenían sin embargo un “cuello de botella” insuperable; no podían acelerar la producción de los diarios porque no existía una manera rápida de componer los textos.
Había grandes rotativas, papel en bobinas, tinta perfecta, pero los textos debían ser compuestos a mano, es decir, de la misma manera que lo habían imaginado Gutenberg hacía más de 400 años. Se requería de un ejército de cajistas para armar líneas, columnas y páginas (la mejor descripción que conocemos del sistema antiguo de la imprenta está en la novela de Balzac “Las Ilusiones Perdidas”. Remitimos a los interesados a ese libro).
Quien inventara una máquina que reemplazara a los cajistas manuales tendría el mundo periodístico mundial a sus pies. Y eso se le ocurrió a Márquez, es decir, diseñar, patentar, vender una máquina de componer textos tipográficos.
No era el único por supuesto pues muchos otros inventores perseguían la idea y armaban máquinas que no servían. Por ejemplo, Mark Twain gastó una fortuna en una inútil “Page Typesetter” para componer textos que fracasó rotundamente.
Hacia 1870 Márquez tenía listos los planos y logró la ayuda de Henry Meiggs para ir a Nueva York a presentar su máquina y luego a Europa. ¿Cómo funcionaba? Los planos han desaparecido y solo se cuenta con descripciones de contemporáneos, como el escritor argentino García Merou que vio la máquina en París: “Para componer se daba vuelta a un manubrio que giraba alrededor de dos alfabetos circulares, colocados perpendicularmente. La letra señalada en cada alfabeto iba a incrustarse en una matriz que había efecto de componedor y de cliché para esteriotipia…”.
La máquina estaba bien ideada pero no funcionaba bien, fallaba con frecuencia y Márquez seguía invirtiendo todo su dinero en el proyecto. Hasta le robaron los planos.
Pero el golpe final le sobrevino cuando los grandes diarios de Nueva York
anunciaron que habían adoptado finalmente una máquina llamada “Lynotipe”
desarrollada por un hábil relojero alemán, Otmar Merghentaler y que funcionaba con eficacia indiscutible.
José Arnaldo Márquez, derrotado, regresó a Lima repatriado por el gobierno porque no tenía ya un solo centavo. José Antonio Miró Quesada le encargó redactar algunas crónicas para “El Comercio” pero el periodista ya estaba vencido y murió al poco tiempo.
La Universidad de San Marcos publicó hace poco, como libro, una bella crónica sobre un viaje que hizo a Nueva York, con un magnífico estudio biográfico de Carmen Mac Evoy, el mejor que se haya escrito sobre Márquez, quien triunfó en todo pero fue derrotado por una máquina.

Friday, July 13, 2007

Kid Cachetada Ravines


Historias de Periodistas


Eudocio Ravines, periodista político, campeón peruano del anticomunismo de los tiempos macartistas, era agente de la Agencia Central de Inteligencia,la CIA.
Los comunistas de aquellos años 60 lo denunciaban a los cuatro vientos pero él aseguraba que todo era una maniobra de la KGB, el servicio secreto soviético, que quería desacreditarlo.
(Años más tarde, el New York Times publicó –el 26 de diciembre de 1977, en la p. 37- los resultados de una sesuda investigación sobre los lazos de la CIA y los medios y en la lista latinoamericana estaba, en primerísimo lugar, Eudocio Ravines, contratado como escritor. Y no fue ninguna sorpresa en el Perú).
Ravines practicaba la denuncia con vehemencia y aprovechaba cualquier tribuna, incluyendo su propia revista “Vanguardia”, para descubrir y revelar presuntos comunistas y en particular a los políticos de oposición al gobierno de Manuel Prado.
Tenía adversarios, por supuesto. Y quizá el principal era otro periodista, izquierdista convicto y confeso, Genaro Carnero Checa, que era exactamente lo opuesto aunque habían sido amigos antes del traspaso de Ravines a las tiendas del espionaje norteamericano.
El “Negro” Genaro había sufrido cárceles, deportaciones, publicado revistas, diarios, libros, obtenido el Premio Nacional de Periodismo con una biografía de José Carlos Mariátegui, había organizado la Federación de Periodistas del Perú y gozaba, en fin, de un prestigio a toda prueba.
La noche del 5 de setiembre de 1960, otro legendario periodista, Alfonso Tealdo abría su programa “Ante el Público” en el Canal 13 (hoy Cinco) de la av. Arequipa. Los panelistas eran Silva Santisteban, Luis Loli Roca y Mario Herrera Gray. El invitado principal era Eudocio Ravines para tratar el tema “La infiltración comunista en el Perú”, sobre la cual se proclamaba experto.
El diálogo con los panelistas fue áspero por los excesos de Ravines que comenzó acusando a El Comercio, después a La Prensa de Beltrán y luego pasó a criticar a los dirigentes comunistas que eran, dijo “unos cobardes”.
Genaro Carnero Checa estaba cenando en su casa y viendo el programa y cuando escuchó el insulto se sintió aludido, no lo pensó dos veces, tomó un taxi, entró el Canal sin problemas, ingresó raudo al set y saltando al centro se acercó al atónito Ravines y ¡pláf! le asestó una fuerte bofetada que hizo tambalear.
-¡A mí no me llamas cobarde! –añadió y no pudo darle otra porque lo sujetaron y
sacaron a la fuerza.
Todo había sido en Vivo y en Directo, provocando la llegada de la policía pero también un tumulto de izquierdistas que convirtieron el Canal en un pandemónium, entre los guardias que jalaban al periodista y otros, sus amigos, que lo defendían pero no pudieron evitar que Carnero Checa fuera detenido y llevado a la ominosa Prefectura aunque fue internado luego en un Hospital y soltado en menos de 24 horas.
El ingenioso humorista Sofocleto le tomó el pelo a partir de entonces llamándolo “Kid Cachetada Ravines”.
Fue un episodio memorable de la historia periodística y política del Perú.

Friday, July 13, 2007

Marco "Mala Suerte" Alemán

Historias de Periodistas (Siete)

-¡Hola Sol Peruano! –le gritábamos al encontrarlo en la calle pues su nombre, Marco Alemán, llamaba la atención y movía a tomadura de pelo. Marco se reía de las bromas y continuaba apurado con su pesado maletín James Bond donde llevaba de todo, pruebas de imprenta, cheques, facturas, contratos y quizá hasta el almuerzo.
Luchaba por la vida como pocos. Gracias a su voz grave y microfónica lo contrataban para ceremonias solemnes, siendo el locutor infaltable de los festejos de la izquierda. En los años setenta se hizo columnista político del diario Expreso velasquista y, en fin, acompañó a la izquierda de entonces en sus avatares. Fue un tiempo, por ejemplo, gerente de publicidad del “Diario Marka”.
No sabía hacer otra cosa que escribir, editar, vender publicaciones y logró, en 1984, editar dos importantes libros, “La Entrevista”, con la asesoría de Humberto “Chivo” Castillo Anselmi pero sobre todo logró convencer al gran Víctor Hurtado Oviedo para que componga el texto “El Periodismo de Opinión” que es quizá el mejor manual especializado que se haya publicado sobre columnas y editoriales.
Hacia 1990 cumplió el sueño de editar un semanario propio al que bautizó como “Página 2” que se vendía poco y mal pero él conseguía publicidad por medio de su recién fundada “Agencia MAS” y logró llegar hasta las cincuenta ediciones con dificultades porque el periodismo independiente nunca fue buen negocio. Austero, no tomaba un taxi por ningún motivo. Imposible imaginar que la insistencia en viajar en micro le costaría la vida.
Una tarde de febrero de 1992 abordó un micro de la línea 49 (“Arenales, Surquillo… todo Abancay”) y seguramente estuvo contento de lograr un asiento con ventanilla. El vehículo se arrimó, como es usual para buscar pasajeros, a la vereda de la avenida Wilson justo delante del edificio de oficinas de la SUNAT cuando una terrible explosión lo hizo saltar por el aire.
Los expertos calcularon que los subversivos habían colocado unos 20 kilos de dinamita en el maletín que uno de ellos dejó en la puerta y salió corriendo sin que nadie atinara a detenerlo.
El estallido fue pavoroso y sacudió el barrio entero y las víctimas principales fueron los inocentes pasajeros de aquel autobús que estaban sentados al lado derecho, como el propio Marco Alemán. Todos los edificios circundantes fueron afectados, incluyendo, por ejemplo, el Museo Italiano, donde no quedó ni un solo vidrio entero.
Cuando los bomberos apagaron el fuego con gran trabajo y rescataron heridos y cadáveres, la policía antiterrorista se lanzó sobre los despojos y encontraron el maletín, sus documentos, todo, dejando que el cadáver de Marco fuera remitido a la Morgue como desconocido con el clásico cartelito de “NN”.
Al no llegar a su casa, la familia avisó y denunció su desaparición. Colegas, amigos, familiares lo buscaron varios días hasta que alguien tuvo la idea de examinar entre las víctimas del atentado no identificadas y, efectivamente, ahí estaba el cuerpo destrozado del buen Marquitos, que acababa de cumplir 48 años. Un tarjeta encima del pecho decía escuetamente: “Shock hipobolémico por heridas punzocortantes ocasionadas por armas punzopenetrantes (esquirlas de metal)”.
Se desató la maledicencia limeña. Alguno llegó a decir que había sido él quien portaba la bomba; otra versión insistía en que estaba ligado a Montesinos y que el atentado era para eliminarlo.
Puras mentiras. Marquitos fue solo una víctima de su enorme mala suerte.


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Monday, July 09, 2007

"Señor Lévano... la cuenta"

Historias de periodistas (Seis)


-Puede irse a su casa , señor Lévano, pero antes debe pasar por Caja y abonar la cuenta –le dijo el empleado al periodista.
-¿La cuenta? ¿Y cuánto tengo que pagar, si no es molestia?
-Mmm… si sumamos los 55 días de hospitalización a seis mil soles diarios, más 10 mil soles de la operación, podemos dejarlo en, digamos, 330 mil soles…
-¡Qué? –exclamó Lévano -¡Me han metido preso, enfermo, me han tenido dos meses en este Hospital, mi familia está en la miseria ¿y quieren que pague? No pago nada carajo y me quedo aquí a vivir si quieren, faltaría más. ¡No pago!
Era un día de julio de 1979 y César Lévano, luchador social pero sobre todo periodista, abandonaba el Hospital de Policía apoyado en su esposa, cojeando más que nunca. No alcanzaba para el taxi así que salieron a la avenida Brasil y treparon al autobús que los llevaría al Rímac.
Los militares, de la Primera y Segunda Fase, Velasco Alvarado primero y Morales Bermúdez después, persiguieron sañudamente a los periodistas, batiendo el récord que tenía el Oncenio de Leguía. La lista de deportados es larga y los casos dramáticos y sin distinciones entre izquierdas y derechas.
Pero Lévano no fue enviado nunca al exilio porque desde que se lanzó a la batalla social fue capturado y encarcelado. Pocos no saben su historia: hijo de un famoso líder anarco sindicalista, heredó el afán por la justicia social y la vocación por el periodismo.
Como condecoraciones luce estadías en la isla penal El Frontón, el Sexto, las celdas de la Prefectura, persecusiones por su trabajo periodístico subversivo. En los primeros meses de aquel 1979 editaba el semanario “Momento”, vocero oficioso de una facción desprendida del viejo Partido Comunista moscovita.
“Momento” denunciaba con energía al intolerante Gobierno de Morales Bermúdez y, claro, decidieron apresarlo. Ya lo habían hecho antes, cuando el complot inventado de 1975 y que significó la expulsión de toda la redacción de la nueva revista “Marka” y otros políticos, pero no llegaron a deportarlo.
Esta vez no se libraba pero cuando llegó la policía a detenerlo, una madrugada de mayo del 79, Lévano casi no podía moverse de un cólico a los riñones. Ya su médico le había diagnosticado piedras y augurado operación, que posponía por una crónica falta de plata.
Lo llevaron a la Prefectura y lo instalaron al lado del baño, donde acudía cada diez minutos viendo la llegada de otros detenidos; toda una redada de casi un centenar de opositores.
Fueron horas y días terribles para Lévano hasta que la artista Alicia Maguiña logró movilizar a la Prefectura al conocido médico Gavilano, que sentenció: -¡Operación, urgente, o se nos muere!
Así termina la historia. Lo internaron, operaron, cuidaron con policía personal casi dos meses y luego le pasaron la cuenta.
-Señor Lévano, puede usted retirarse –le dijo el funcionario administrativo del Hospital de Policía, al comprobar que no sacarían un centavo y que más bien sería oportuno librarse de él cuanto antes.
La carrera periodística de Lévano continuó luego en el semanario “Caretas” y en la docencia en San Marcos, donde acaba de ser elegido Director de la Escuela de Comunicación Social. Y a la vez, acaba de debutar como Director del diario de oposición de izquierda “La Primera”.


Saturday, July 07, 2007

-Y Anita Snow bajó de peso

Ha terminado por fin el simpático “The Cuban Experiment” de la periodista norteamericana Anita Snow, cuya aventura gastronómica ha sido ya contada un par de veces en este rincón virtual. Y el resultado es que luego de alimentarse por todo un mes con solo los alimentos que el Estado cubano proporciona a bajo precio… ha bajado 9 libras, o sea, 4 kilos y 320 gramos con exactitud. Pero ella no se queja, porque estaba, es verdad, con algunos rollitos de más.

Anita publicó, es cierto, la noticia de su experimento en los despachos comunes de Associated Press (es jefe de la corresponsalía en La Habana desde hace ocho años) pero el avatar cotidiano lo redactó para su blog, cuya dirección les paso de nuevo:
http://hosted.ap.org/specials/interactives/_international/cuba_rations/index.html

Como buena periodista nos dio datos interesantes sobre el sistema cubano de distribución de alimentos, el gasto de mil millones de pesos anuales para más de 11 milllones de usuarios. “Para mi proyecto” -escribió Anita- consideré además el sueldo de equivalente a 16.50 dólares”, que es lo que gana un cubano promedio.
También contó de los famosos “paladares”, negocios particulares de restaurante autorizados para solo 12 comensales. Algunos de ellos ofrecen delicias que rara vez pueden conseguirse y los habaneros hacen pacientes colas para lograr un lugar en los mejores del centro. Nos habló también de “El Aljibe”, el restaurante que reemplazó al histórico “RanchoLuna” que muchos conocimos alguna vez.
Quizá sus comentarios más valiosos de la experiencia sean los relacionados con la solidaridad que observó cuando se introdujo en el sistema gastronómico familiar: “Aprendí de primera mano como la sociedad cubana asegura que pariente, vecinos, amigos, colegas siempre coman. Varios cubanos me ofrecieron parte de sus raciones rehusando dinero o intercambio. Un colega cubano me ofreció compartir su almuerzo de spaghetis caseros…”.
Si los recalcitrantes opositores, en particular los de Miami, esperaban un relato de burlas y quejas se han equivocado. Anita ha hecho un esfuerzo de objetividad sin poder despojarse del sentimiento de comprensión y aprecio por el esfuerzo cubano.
“Hoy” –terminó el pasado 30 de junio– “retorno a una versión modificada de mi dieta por otro mes, con la esperanza de perder más peso… sin barras de chocolate, popcorn y papas fritas…”.

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