viernes, mayo 06, 2005

Betty di Roma (I)

Betty di Roma (I)

“Mambo, qué rico mambo...”

Ante el reclamo de los entusiastas redactores y sin pensarlo dos veces, la bella joven se trepó ágilmente al escritorio aprovechando que desde la radio atronaba un mambo. Allí se contoneó con entusiasmo luciendo sus largas piernas sin timidez alguna y, sobre todo, riendo con alegría...
Era un día de julio de 1951 y el novísimo vespertino "Ultima Hora" trataba de ampliar el número de lectores apelando al mambo, el baile cubano que revolucionaba la cultura popular. Algunos quizá recuerden que provocó opiniones encontradas; y tanto, que el Cardenal monseñor Guevara presionado por damas ultraconservadoras decretó la excomunión para quienes lo bailaran e incluso escucharan.
Medio país quedó entonces bajo el anatema porque el mambo era inevitable en las radios, las fiestas, los carnavales. Y en las casas las muchachas ensayaban los pasos que cada día publicaba el diario en primera página a modo de lecciones.
Una de esas chicas era Betty, la hija de don Roque Giuseppe di Roma, un severo siciliano que se había casado en Ica donde nacieron parte de los numerosos hermanos de la bella, y que ahora luchaba por la vida en un pequeño negocio en el Callao.
Betty era la mejor de las niñas di Roma, la más avispada y quizá la más coqueta. Al viejo Roque le costaba trabajo apartar de su puerta a los admiradores de aquellos enormes ojos verdes de "La Gata", como ya le decían en su barrio chalaco.
En el diario, Raul Villarán, y Guido Monteverde consiguieron convencer al adinerado Carlos Wiesse –que no necesitaba trabajar pero adoraba el periodismo-de invertir en una compañía de revistas que llamaron "Bikini Girls".
"Una tía me llevó el periódico y me contó que pedían bailarinas y como yo bailaba tan bonito pensé en presentarme y fui con ella al jirón de La Unión", contaría años más tarde La Gata. Efectivamente, en "Ultima Hora" se publicaba cada día un gran recuadro que pedía "Veinte Chicas para una Compañía de Revistas" y que resultó la mejor manera de reclutar "valores nacionales".
Así fue como Betty di Roma fue inscrita para el concurso previo, junto con otras jóvenes entre las que destacaban una exótica y carnosa llamada Alejandrina Población y otra alegre y coqueta, Consuelo Loyal Cavallini.
Por esos días llegó a Lima la más grande sensación del vedetismo internacional de la época, Yolanda Montes, Tongolele, ya muy conocida porque habían llegado películas en las que bailaba con Tin Tan. Su esposo era percusionista y por eso “Ultima Hora" tituló en primera página: "Llegó Tongolele, con el que le toca el bongó".
Guido Monteverde aprovechó la oportunidad y la convenció de presidir un jurado seleccionador para las "Bikini Girls", añadiendo nada menos que al pintor Sérvulo Gutiérrez y la bella Pilar Pallete (pocos años después esposa de John Wayne).
Entonces, en la boite “Cotillon" , entre Ocoña y Cailloma, desfilaron y bailaron las concursantes y las tres citadas quedaron en los primeros lugares y, como todos sabemos, pasaron a la historia cultural limeña. A la rechonchita Alejandrina le pusieron “Mara” y a la contorsionista del Circo “Cavallini” le adjudicaron “Anakaona”. A Betty di Roma, en cambio, no le cambiaron el nombre pues era y sonaba perfecto.

viernes, mayo 06, 2005

Una lección de dignidad

Pobre Lector/de los Jueves

La envidiable dignidad de “O Velho Capitao”

Cuentan que el viejo Chateaubriand, a quien sus redactores llamaban sencillamente “Cható”, arrojó el ejemplar de “Life” sobre la mesa y llamó a gritos a su jefe de redacción:
-¡Pronto, a Nueva York, el mejor equipo de fotógrafos, redactores... qué se han creído esos gringos!! La furia del gran editor brasileño en aquellos días de agosto de 1961 era plenamente justificada. La revista “Life” había publicado en su edición en español un reportaje de siete páginas sobre las barrios pobres de Rio de Janeiro, las famosas “favelas”, llamándolas: “Símbolo de la miseria en América Latina”. El quincenario yanqui mostraba en magníficas fotos a una capital triste, violenta y mísera, como si fuera la realidad completa del país y de Latinoamérica.
“Cható” envió entonces a Nueva York al gran fotógrafo Henri Ballot, estrella indiscutida del fotoperiodismo latinoamericano de la época. Sus reportajes en O’Cruzeiro primero y en O’Cruzeiro en Español, después, lo colocaban al lado de Cartier Bresson y Capa, por ejemplo.
El quincenario O'Cruzeiro en Español circulaba desde abril de 1957 con un tiraje aproximado de 300 mil ejemplares, haciéndole dura competencia a las revistas norteamericanas y en particular a Life que hasta entonces había reinado en el continente con su magistral fórmula de Texto/Fotos/Diseño.
Los americanos contaban con la batería de fotógrafos más famosa de la historia, como los citados Robert Capa, Henri Cartier Bresson (de la Agencia Mágnum), Margaret Bourke White, Alfred Eisenstein, Norman Parks, etc. Pero los brasileños no se quedaban atrás porque el team era formidable. Jean Manzon, Joao Martins, Indalecio Wanderley y otros de una larga lista. Como los americanos, contaban con las mejores facilidades para realizar su trabajo, lo que podía incluir el alquiler de un avión especial si hacía falta.
Aquel fue probablemente el primer y hasta hoy gran esfuerzo por acercarse a los vecinos rompiendo la barrera del idioma. Y un signo importante de la decisión de acercamiento fue lanzar la revista con Carlos Gardel a toda primera página.
“Cható” escribió en el editorial de lanzamiento: “O’Cruzeiro en Español es un desafío al desierto que nos separa a unos de otros en América Latina. ¿Podemos combatir hoy las consecuencias de ese desierto?”
Henri Ballot fue a Nueva York armado con su Leica y recorrió despaciosamente sus barrios marginales tomando fotos en Harlem, Bowery St. etc develando una visión de la metrópoli ciudad norteamericana que los latinoamericanos no sospechaban. Borrachos tumbados en las calles, peleas callejeras, pandillas, montañas de basura. Pero lo más significativo fue la sección dedicada a familias puertorriqueñas que sobrevivían en barracas (“slums”) de Manhattan.
El reportaje apareció en O'Cruzeiro del 7 de octubre de 1961 y bajo el título de “Miseria: un nuevo récord americano”. Los editores decidieron además copiar exactamente la paginación de Life y dedicaron a Nueva York el mismo espacio que los americanos usaron para las favelas, es decir, siete páginas completas.
La historia de Assís de Chateaubriand y sus periódicos es larga de contar y este no es el momento ni espacio pero valía la pena recordar una gran lección de dignidad que bien podríamos recoger.

jueves, mayo 05, 2005

Betty bailó hasta el final

Betty di Roma (Final)

-Nos hizo bailar a todos...

Fue en el Teatro Monumental, en la avenida Venezuela, en Breña, donde debutaron las frescas veinteañeras convocadas por Última Hora para integrar el grupo de baile las “Bikinis Girls”. Y entre ellas, la reina indiscutida era la morena clara Betty di Roma, por sus grandes ojos verdes, sonrisa amplia, desenfadada y, sobre todo, de sensualidad irresistible para los tiempos.
El cine mexicano había impuesto un nuevo patrón de belleza para las bailarinas de ritmos tropicales y ya no estaban de moda las regordetas de los años anteriores. Los films nos traían ahora a María Antonieta Pons, Amalia Aguilar, Emilia Giu, Meche Barba, que lucían cinturas estrechas y bustos sugerentes pero no desbordantes. Y esos fueron los criterios del Jurado que presidía la Tongolele para elegir a Betty, Verónica, Gladys, María Cristina y Yuri.
No fue sorpresa para el barrio la opción profesional de Betty. Su padre era pianista y la mayoría de hermanos integraban orquestas de aquellas de baile de barrio. El mundo artístico no era desconocido para la bella.
Los ensayos se hicieron en el pequeño auditorio de Radio Lima en la avenida Bolivia y se afinó un espectáculo que incluía “sketchs” a cargo de cómicos como Antonia Puro, Alex Valle, Benjamín Ureta, etc.
El vespertino de Baquíjano hizo tanto alboroto con las Bikini Girls que aquella noche hubo una gran cola en el Monumental para verlas y aplaudirlas. Fue el delirio y a la vez la consagración de Betty y su pareja de baile y coreógrafo, Rafael Ferreira. Su tema favorito era “Mambo en España”.
Cómo trabajaban. Sábado “Monumental” en Breña ; domingo “Primavera” de Surquillo; lunes “Francisco Pizarro” en el Rímac; martes “Western” de Lince; Miércoles “Pacífico” del Callao; Jueves “Broadway” de Magdalena.... todo un circuito de trabajo constante que solo resistían aquellas jóvenes atléticas y, sobre todo, entusiastas.
No duró mucho el grupo porque los socios se distanciaron. Pero Monteverde insistió por su cuenta y fundó la compañía “Chá Chá Chá” y después las “Bim Bam Bum” (tomando el título del espectáculo santiaguino). En todas las versiones estuvo Betty di Roma como estrella, compartiendo con Mara y Anakaona.
Fueron diez años de éxitos, giras, sucesos, hasta que los entusiasmos por el mambo fueron decayendo. En los años sesenta Betty de Roma era ya una leyenda y viajaba por América con fortuna desigual bailando por aquí y por allá y desordenándose un poco en su vida personal. La bohemia le pasó la cuenta y hasta se enamoró hasta el delirio (como las buenas artistas) de un “broadcaster” limeño, en amores que la llevaron hasta un intento de suicidio.
Finalmente, en uno de sus viajes Nueva York tomó la decisión de quedarse, de radicarse por allá, instalándose definitivamente.
Pero venía al Perú de cuando en cuando y hasta probó fortuna con un show con Amalia Aguilar, en 1982. Ambas eran todavía bellas y ágiles pero los viejos admiradores no fueron a verlas y los jóvenes no las conocían, así que retornó a su rincón peruano de New Jersey.
En 1984 el gran periodista Mario Campos (de cuya nota he tomado la mayoría de estos datos) la descubrió en un café donde conversaba con Rafael Ferreyra -y los entrevistó para “La República”- y le propuso una cita melancólica: ir a Teatro Monumental, al escenario donde debutó. No dudaron. Al día siguiente fueron para allá y cito a Mario Campos observando al viejo administrador Mario Urbina: “Faltando un cuarto para las siete de la noche del sábado 30 de junio (de 1984) Mario Urbina se hizo como que fumaba en el hall del teatro. Se hizo como que miraba a otra parte, donde se mataban de risa unos muchachos. Sí, ahí.A esa hora la reja del teatro estaba a medio abrir y él vio como Betty di Roma entraba lentamente, no vaya a sonar la reja, nadie se vaya a dar cuenta. Betty, vestida con un abrigo azul, la cabeza envuelta con un pañuelo, un ‘necesser’ en una mano y un maletín en la otra...”·
Coqueta irremisible, Betty di Roma presumía de belleza inacabable y no tuvo reparos en compararse con Gisela Valcárcel y Analí Cabrera y hasta les mostró cómo debían bailar el mambo antiguo, en lecciones que testimonió un fotógrafo de “La República”.La bella murió en los Estados Unidos en noviembre del 2004, el año pasado. Nunca perdió la alegría y bailoteó, nos cuentan, hasta el final.Me imagino que en su lápida dirá, en frase sencilla y enorme: “Aquí está Betty. Nos hizo mambear a todos”.

FIN