martes, junio 28, 2005

Marito, Bryce y yo

Bryce y yo...

Recordarán que alguna vez les conté de cuánto nos parecemos Mario Vargas Llosa
y yo pues nos gusta escribir, amamos la fama, el dinero y vivir en Londres y,
para colmo, somos arequipeños. Es verdad que algunas coincidencias no se me
han realizado plenamente todavía, pero, quizás, un día de estos...
Y ahora descubro que también tengo puntos de encuentro con el gran escritor
pero antipático Alfredo Bryce: el odio a los perros callejeros.
Si ustedes logran llegar casi hasta el final del segundo tomo
de “Antimemorias” de Bryce, leerán sobre su casa de Las Casuarinas, “Hillside
Drive”, y su imposibilidad de caminar en paz y debido en gran parte al acoso
de admiradores, vigilantes.. y perros.
Pero los perros de Bryce, de los que se defendía con dos bastones fantaseando
con ensartarlos cual anticuchos, eran de categoría, de las mejores marcas, de
dueños de cuello duro. En cambio los míos...
En los años sesenta volví a la viejísima casa familiar de la novena cuadra del
jirón Ica, en pleno barrio de Monserrate, luego de una triste historia
personal que no viene al caso. Y qué suerte tuve pues conseguí trabajo en el
diario “Expreso”, a escasas tres cuadras de la casona.
Entonces, cada noche (o mejor, cada madrugada pues así era el periodismo en
esa época), luego de cerrada la edición, emprendía el viaje a la casa. Como en
las películas, mis pasos resonaban, solitarios, y hasta despertaban ecos en
los rincones de las enormes casas de vecindad.
Pero cuando llegaba a la cuadra ocho, a la calle La Medalla, pese los
esfuerzos que hacía por no hacer ruido, una jauría de perros ululantes y
agresivos me cortaba el paso. Eran por lo menos una docena que brotaban de dos
callejones y se negaban a dejarme pasar. Chicos, grandes, lanudos, sarnosos,
huesudos de razas indescifrables, todos se unían en mi contra.
Intenté entonces dar un rodeo para evitarlos pero a la vuelta había un garaje,
una cochera, con una jauría parecida que había decidido que yo no podía pasar
por ahí por ese su territorio nocturno.
Cuando salía a trabajar, en la tardecita, rumbo a “Expreso” ahí estaban,
tumbados en la vereda, mansos de solemnidad, hasta tímidos. Pero apenas caían
las sombras se me transformaban en peores que los sabuesos de los Canterville.
Comencé entonces a defenderme. Conseguí una especie de bastón con que los
amenacé y juro que sentí que se rieron entre ladrido y ladrido; luego me llené
los bolsillos de piedras y los agredí noche a noche armando unos escándalos de
película hasta que una madrugada le acerté al más grande, al líder, en plena
nariz supongo. Lloró de dolor y escapó, seguido por sus secuaces; y tuve
algunos días de descanso aunque siempre llevando mis armas de reglamento pero
se recuperaron del trauma y me siguieron persiguiendo pese a los proyectiles.
Pocos meses después mi querido cuñado Guillermo me vendió un auto soberbio, un
gran Ford del 52 y , claro, alquilé un lugar en la cochera aquella. Y retornó
la pesadilla pues en la esquina de mi casa se me juntaban ambas bandas y
ladraban y gruñían hasta la exasperación.
Se me ocurrió entonces la venganza, esto es, el asesinato puro y simple de
aquellos monstruos que no me dejaban llegar a dormir. Y poniendo manos a la
obra, a eso de las tres de la mañana de un fin de semana di varias vueltas a
la manzana persiguiéndolos con mi carrazo pero la verdad, no le acerté a
ninguno. Eran demasiado hábiles para mi torpeza en el timón.
“Si no puedes vencerlos, únete a ellos” cita Bryce –en inglés, claro- en su
libro. Y esa fue la solución final. De casualidad, llevando unos biscochos
arrojé uno al grandote pues el mordisco parecía inevitable y pronto se
tornaron buenos camaradas, siempre y cuando, claro, los proveyera de insumos.
Porque a diferencia de los canes pitucos, "casuerineros", del escritor, los
de Monserrate se morían de hambre y pactaron conmigo: trozos de chancay con
mantequilla por el paso a la casa y de cuando en cuando una hotdog con mostaza.

Tío Juan

viernes, junio 24, 2005

Felix Oliva

Félix, un año

¿Porqué apreciábamos tanto a Félix Oliva? En estos días se cumple un año largo
de su desaparición y todavía la noticia nos abruma como si hubiera sido ayer.
Y es una buena ocasión para preguntarnos, repito, la razón del cariño
particular que le teníamos todos.
Como todos las personas influyentes y notables, de vasta obra, ofrecía muchas
ventanas para observarlo y apreciarlo. Yo les contaré de la mía.
Conocí a Félix en los años 70, en una época cercana al frustrado proyecto
velasquista y cuando manejaban el país los generales que lo reemplazaron y que
convirtieron el sueño en simple dictadura.
Félix había sido, por supuesto, partidario de las reformas centrales de
aquella primera etapa y elogiaba con entusiasmo a los primeros militares. Pero
con una mirada singular pues no tenía una rígida visión ideologizada y mucho
menos politizada. Era, ni más ni menos, que un apasionado partidario de la
justicia, del bien, de la bondad y su discurso de reclamo por el cambio era de
lo que llamamos a veces, emoción social.
Esta emoción social lo había hecho participar en el proyecto belaundista de
los años sesenta y era, y fue hasta el final, la que movilizó sus opciones
políticas coyunturales aun cuando éstas chocaran con las ideas de sus amigos
más cercanos. Era, en suma, un porfiado y vehemente pregonero de la justicia
social.
Pero lo importante es que Félix era un formidable artista -no sabemos si mejor
ceramista que pintor o viceversa- de gran reconocimiento, que supo como pocos
aplicar sus indignaciones ante la injusticia a su producción artística
logrando una combinación de arte comprometido muy difícil de realizar y
equiparar.
Nunca fue, como podría alguien suponer equivocadamente, un artista al servicio
del realismo artístico de consigna. Félix volcaba sus violencias de manera
diversa y absolutamente personal en cerámica y pinturas y por eso los que
hemos conocido sus obras hemos observado un conjunto de expresiones
aparentemente dispar y desordenado. No hay tal porque si se observa bien, hay
una línea constante de alegato social que llegará hasta sus últimos Sanchos y
Quijotes.
Tengo a la vista una bella cerámica de Félix. En 1978 publiqué un libro sobre
José Carlos Mariátegui, personaje que nuestro amigo admiraba con la pasión, y
puse como epígrafe una frase que le gustó: “Mi vida es una flecha que ha de
llegar a su destino”. Poco después me invitó a pasar por el legendario Billar-
T, el taller donde se advertía que “Se toca con los ojos” y me enseñó la obra:
un conjunto de hombres, con cascos proletarios y chullos, sosteniendo juntos
una enorme flecha y debajo el epígrafe citado. La expuso públicamente y luego
me la regaló.
No es la única presencia de Fèlix en mi casa porque, como sabemos, cultivaba
la amistad con un tesón admirable y no olvidaba nunca un cumpleaños. Y muchas
veces me trajo regalos hechos especialmente para mí como la sencilla jabonera
que uso y que tiene como fondo una graciosa caricatura mía.
Tanto que decir de Fèlix. Pero no quiero terminar este breve recuerdo sin
olvidar que sus amigos eran siempre los mejores. Apreciaba por supuesto a
pintores, ceramistas, periodistas, poetas, pero a quienes estimaba por encima
de todo era a sus amigos, que ponía por encima de todo. Tanto, que a veces sus
elogios sonaban algo desmedidos pero reflejaban el sincero cariño que nos
tenía.
Como pocos, Félix nos enseñó a apreciar el valor de la amistad. La verdad, no
hay otro como Bimbo. Por eso lo queríamos tanto y lamentamos tanto su partida.

Juan Gargurevich

viernes, junio 24, 2005

Nuevo Género Periodístico

Pobre Lector/de los Jueves

Nuevos Géneros Periodísticos

-“¡Jefe, un notición! ¡Una imagen de la Virgen que llora, en la Vía Expresa, en
el cemento!”.
Los reporteros veteranos del diario escucharon al novel practicante y se
echaron a reír.
-“No compadre...eso no es un milagro, es un operativo sicocosocial”.
-“Bueno, aquí tengo otra noticia internacional para primera página ¡Pinochet se
está muriendo!”.
-“Ven acá hijito.. “ –dijo el Jefe. –“¿No te enseñaron en la Universidad a
distinguir una noticia de un operativo sicosocial?”.
-“¿¿¿ ¿??”
El diálogo es verdadero, absolutamente cierto, por lo menos en lo que respecta
a la imposibilidad de que los profesores de periodismo indiquemos con certeza
qué es una Noticia y qué es un Operativo Sicosocial. O sea, en el Perú hace
mucho que tenemos un nuevo Género Periodístico (y sospecho que en muchos países
también).
Recuerdo que la frase sonó con fuerza en tiempos del gobierno militar, en
aquella década del 70 en que ya no sabíamos qué era en verdad una buena
noticia y cuál un siniestro torpedo disparado desde las entrañas del Sistema de
Inteligencia Nacional o de la “Oficina Central de Información”, la OCI, donde
trabajaban el expsiquiatra Segisfredo Luza y “Cucharita” Díaz. Ambos reputados
como expertos en estos menesteres.
¿Cuál sería la definición elemental de “Operativo Sicocosocial” desde el punto
de vista de los periodistas? Simple: “Cortina de humo, noticia falsa o
exagerada, sobredimensionada, que se lanza a la luz pública justo cuando hay
otros sucesos que requerirían la atención general, por lo general reprobatoria
de la conducta del gobierno” etc. Más o menos.
Por mucho tiempo se dijo que no era cierto que los servicios secretos
fabricaran ese tipo de noticias porque carecían de formación adecuada. Pero ya
se sabe, y no es secreto, que el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), tenía
una Dirección Nacional de Operativos Sicosociales que dirigía el coronel
Edgardo Camargo y que fue quien contrató al argentino Héctor Faisal para la
fundación de su “Asociación Pro Defensa de la Verdad”, etc.
Montesinos creía firmemente en el presunto poder de los medios y por eso
construyó el aparato propagandístico que se apoyaba básicamente en la Prensa
Chicha.
¿Que dicen los manuales militares al respecto? Leamos una definición:
“La propaganda intenta lograr dos tipos de comportamiento: El cohesivo y el
divisorio. El comportamiento cohesivo: implica colocar los objetivos comunes
por encima de los deseos y aspiraciones individuales. El comportamiento
divisorio: está en contraste directo con el comportamiento cohesivo. Este
estimula al blanco audiencia a colocar sus propios intereses por encima de los
objetivos de la sociedad que lo rodea. Un mensaje de propaganda divisoria
incita al desaliento, a la apatía, a la discordia y a la hostilidad...”.
Si esto es verdad y lo practican nuestros servicios de inteligencia, repito
entonces ¿cómo y cuándo distingue un buen periodista lo que es una Noticia y
lo que es solo un carnada, un engaño, un operativo sicosocial que distrae y
favorece otros intereses?
A ver, veamos, qué opinan mis coleguitas. Aquí van algunos temas noticiosos
dudosos, es decir, que podrían ser Operativos Sicosociales clásicos:
-Las operaciones de cirugía de Miss Mundo;
-El exceso de arsénico en el agua potable de Lima;
-Las declaraciones del vicepresidente Waisman..

¿Qué estarían encubriendo estas Noticias u Operativos?

Tío Juan

Derechos Reservados. Cucu Press Features Syndicate

jueves, junio 09, 2005

Día Inolvidable

Un día inolvidable

Fue un día inolvidable que sin duda quedará marcado con fuego en los fastos
más memorables de la Pontificia Universidad Católica. Muchas cosas han pasado
en sus venerables claustros pero como ésta... casi ninguna (que sepamos).
Todo comenzó cuando Leonardo Aguirre, periodista, decidió que sería
interesante comentar la más reciente obra de Sergio Galarza, cuentista, que
acababa de lanzar “La soledad de los aviones” a la luz pública, vía la
colección “Estruendo Mudo”. La nota la difundió la popular agencia
virtual “agenciaperu.com” que manejan Chichi Valenzuela y sus más conspicuos
secuaces.
Aguirre, buen lector, no desaprovechó la oportunidad y le dio de alma, como a
hijo ajeno: “prosa elemental”, “lugares comunes”, “ejercicio de taller de
narrativa básica”, “desilusión”, “títulos vendedores”, etc. hasta culminar con
el abrumador “Galarza todavía no despega. Se ha quedado encerrado en el
aeropuerto”.
Todo lo cual, por supuesto, provocó la natural disconformidad de Galarza que
aceptó encantado la posibilidad de un debate público en la propia Universidad
Católica y enfrente de quien quisiera escucharlos.
El debate fue organizado los estudiantes de Literatura que consiguieron un
aula en Humanidades e invitaron a Javier Agreda, Juan Carlos Gallardo, Sergio
Galarza y Leonardo Aguirre pero al día y hora señalados no llegaron los
primeros; y crítico y cuentista debieron discutir solos, entre ellos.
¿Cómo comenzó el pugilato? Hay versiones. La agenciaperu.com, en acción
refleja habitual en la profesión, lanzó el flash: “Escritor golpea a
columnista de agenciaperu.com”. El propio Aguirre diría después: “Solo le
pregunté si mi columna era tan poderosa que provocaría una disminución en las
ventas y él se levantó y cuando parecía que se retiraba, ofendido, me agarró a
golpes...”.
¿Y Galarza? En noble y ética decisión, la agencia divulgó su versión: “Me
levanté de mi asiento y me paré delante de su colaborador, nunca estuve de
costado o hice un amague de irme y luego lancé el golpe, eso es una mentira...
todo ocurrió cara a cara y no cuando su colaborador estaba hablando...”.
Como fuere, el hecho es que Leonardo Aguirre recibió un trompón que le apagó
el farol derecho por un par de días mientras sus coleguitas invocaban a los
dioses del periodismo para que se castigara al agresor.
Aguirre fue mi alumno, de la primera promoción de periodistas de la flamante
Especialidad de Periodismo de la Universidad y destacó siempre por su
actitud , digamos, irreverente, en el amplio sentido de la palabra. Creo que
hasta iconoclasta se le podría llamar. Hemos tenido varios alumnos así que han
saltado del aula a las páginas de la crítica convirtiéndose en fustigadores
durísimos de sus colegas literatos. Destacó siempre como creativo y culto,
poco sociable y casi hostil pero en el fondo buena gente –como somos todos.
Escritor de cuentos, ha recibido ya distinciones como una mención
de “Caretas”, etc.
Varios literatos se han pronunciado ya sobre este método singular de responder
a la crítica y las bellas Pollarollo y Silva Santisteban se han quejado
también de los cruces de adjetivos entre autores vía los populares weblogs.
Pero la verdad la verdad, es que los insultos fueron terribles. Galarza se
paró delante de Aguirre y le espetó sin piedad el adjetivo: “¡Crítico!”
Aguirre no dudó un segundo y le contestó de media vuelta nomás, sin pararla,
con un vocablo más cruel todavía: “¡Poeta!”
Fue inevitable: Galarza, entonces, le zampó un puñetazo a mi amigo Leonardo.

Tío Juan

Derechos Reservados. Cucu Press Features Syndicate

martes, junio 07, 2005

"Fuentes generalmente..."

Pobre Lector/de los Jueves

“Fuentes generalmente bien....”

Confirmado. Es definitivo. Garganta Profunda ha venido para quedarse y sabe Dios por cuánto tiempo. “Una generación, por lo menos” acotó un colega.
Y es verdad, porque nuestro periodismo ha pasado de citar testigos de carne y hueso a informantes que se niegan a dar su nombre, que ruegan que no se revele su identidad, que prefieren guardar el anonimato, que esperan que llegue la hora para gritar en público toda la verdad...
También me decía otro colega que el gringo que inventó la frase “Fuentes generalmente bien informadas afirmaron que...” habría ganado una fortuna si la hubiera patentado allá en Washington. Porque desde algún momento en la historia del periodismo, quizá a fines del siglo 19 (si alguien lo sabe, por favor, páseme el dato) un rumor de pasillo, un chisme de lobby, se convirtió en noticia.
Así fue la historia de Watergate, como recordarán. Cuando Woodward y Bernstein llegaban a un punto muerto en sus averiguaciones sobre la mafia de Nixon y estaban a punto de declararse derrotados, surgía –afirman, dicen- un misterioso informante que –oh, qué vivo- no les daba todo sino solo el hilito, el cabito para comenzar de nuevo en otra dirección.
Ambos periodistas han sido consagrados como las estrellas máximas del periodismo de investigación mundial pero la verdad es quien se merece (si existe) los halagos es Garganta Profunda.
En nuestro periodismo está pasando algo parecido y a buen nivel, es decir, con profesionales que no son recién llegados al oficio y ostentan pergaminos de peso. Cito los casos: Ricardo Uceda con su “Pentagonito”, Umberto Jara con sus “Aventureros” y últimamente José María Salcedo con sus “Sospechas”. ¿Qué tienen en común, aparte de historiar periodísticamente la política reciente? El Síndrome de Garganta Profunda.
En los tres textos se recurre a los informantes que solo podrán revelar su identidad, todavía, quizá más adelante, cuando las olas de la historia se aquieten y en la resaca queden flotando nombres que la próxima generación ni siquiera recordará.
Pero hay visiones críticas dentro del oficio. Hace unas noches, César Hildebrandt reclamó a Mónica Vecco el poco profesionalismo de su revista Quinto Poder que reveló “gracias a fuentes que no puedo revelar” presuntos amores del ministro de Industrias con una bella ex.Miss Perú. Quedó mal mi amiga Mónica ante la contundencia de Hildebrandt que, papelito en mano, le hizo ver sus errores que ella llamó, con el último hilito de voz que le quedaba “un exceso de la reportera...”.
El tema da para largo. A los interesados les recomiendo visitar de pasadita la Página del diario The New York Times y buscar el “Siegal Report”. Se trata de un informe redactado por un grupo de profesionales que buscaban las razones del dramático error del diario en aceptar como fidedignas las crónicas de Jayson Blair.
El resultado fue el texto, no muy largo, titulado “Preserving our reader’s trust” (disculpen, no conozco si hay una versión en castellano) y allí en la parte de “Unidentified sources” hacen recomendaciones sobre la necesidad de que los reporteros presionen a las fuentes que no desean dar nombres y que a la vez aquellos deben ser enérgicamente presionados por los editores y , en fin, reducir al mínimo las no-atribuciones.
En cuando al Perú, prefiero entonces la novela “Grandes miradas” de Alonso Cueto que, más y mejor, nos describe a un Montesinos de ficción más verosímil que aquellos personajes que provienen de “fuentes generalmente bien informadas”.

Derechos Reservados. Cucu Press Features Syndicate

sábado, junio 04, 2005

La Garganta Equivocada

Pobre Lector/Especial

La “Garganta” equivocada

“Lo sentimos. Yo y mis alumnos estábamos en un error” se ha apresurado a
declarar el distinguido y veterano profesor de periodismo de investigación
William Gaines, de la Universidad de Illinois, que señaló a Fred Fielding como
el –según el cristal con que se mire- “patriota” o “traidor” de Watergate..
Esta es la historia: hace un par de años, un grupo de estudiantes de
periodismo anunciaron a la prensa que habían descubierto la identidad
de “Garganta profunda”, quizá el personaje más famoso de la historia del
periodismo norteamericano de los últimos 30 años, y luego de una ardua
investigación iniciada en 1999.
Recuérdese una vez más que aquel hombre ,“Garganta profunda”, se reunía con el
reportero Woodward en secretos lugares de parqueo y proporcionaba los datos
justos para que la investigación no se rindiera ante una pared infranqueable.
Cuando parecía que esto había sucedido “Garganta” abría otra puerta soltando
otro nombre: “Pregunten a....”.
Los entusiastas futuros reporteros ,asumieron como tarea el descubrimiento
pero no tenían mas fuente que los diarios de la época y el propio libro de
Woodward y Bernstein que ellos creían contenía la información suficiente para
identificar al informante.
Los nombres que se barajaron siempre fueron los del general William Haig, del
Consejero John Dean, de la asistenta de prensa Diane Sawyer y hasta del vocero
presidencial Pat Buchanan. Los relacionaba algo simple: todos ellos “supieron”
siempre de las felonías del presidente Nixon y su cúpula tramposa.
La metodología fue simple pues hicieron una gran lista, fueron eliminando
probables “gargantas” hasta quedar en siete y de éste grupo los muchachos de
Illinois hallaron un nombre que había pasado inadvertido, el de Fred
Fielding, otro Consejero de Nixon que aparentemente tenía motivos para hacer
las revelaciones.
Fielding era un abogado, asistente de John Dean en el tiempo de Watergate y
estuvo siempre en posición de saber todo lo que pasaba durante los 18 meses
que “Garganta” dio información a los reporteros del Washington Post.
Por su parte, el verdadero “Garganta” estaba recubierto por las sólidas
barreras de silencio del FBI y evidentemente nadie sospechó que Mark Felt
había decidido vengarse cuando fue postergado en su ambición de ser el suceso
de Edgard Hoover.
Hubo ya hace unos años sin embargo indicios que señalaron a Felt. Un joven
hijo de Bernstein le reveló a un compañero , en un campamento de verano, que
Felt era el personaje. La historia la publicó inmediatamente el diario The
Hartford Courant de Connecticut pero todos los actores del drama lo negaron
enfáticamente.
Incluso Felt había ya negado formalmente alguna relación con el caso cuando
publicó su libro “”La pirámide del FBI desde adentro”, en 1979.
El atribulado profesor Gaines declaró hace un par de días que “el siguiente
paso de nuestro entrenamiento será estudiar cómo fue que nos equivocamos”,
convocando de nuevo a sus estudiantes del curso de “Investigative Reporting”.

Les recomiendo la historia completa de la investigación porque es toda una
lección de periodismo, metodología y ética que vale la pena revisar y tener en
cuenta. Se llama: “How students solved one of America’s top mysteries”, y está
en

viernes, junio 03, 2005

Botellas al mar

Pobre Lector/ de los Jueves

Botellas de moda...

La próxima vez que vea una botella flotando en el mar, no la desprecie. Cuidado. Puede ser un dramático pedido de auxilio, una nota de amor, una despedida para siempre, un testimonio clave. Casi resulta imposible imaginar todo lo que puede caber en una botella que se balancea entre las olas...
La prueba de la importancia de la botella como sistema de conservación y envío de información la tuvimos hace unos días cuando un creativo náufrago (peruano tenía que ser) amarró una botella con un mensaje de auxilio a una gran red de pesca. Imaginaba, como sucedió en efecto, que los pescadores la recogerían en algún momento y que, Dios mediante, leerían la nota.
Esa botella salvó a 83 cristianos de morir de hambre en una lejana isla en el Pacífico.
La noticia debe haber avivado en muchos, como yo ahora, reflexiones y averiguaciones sobre los mensajes embotellados que tienen en común mar, botella y deseo de decir, pedir algo (curioso, no se lanzan botellas a los ríos porque el destino es predecible. Deben ser arrojadas hacia destinos azarosos).
Leo en Internet algunos relatos: en 1875 se sublevó la tripulación del barco canadiense Lennie, matando a los oficiales. Uno fue salvado porque era el navegante. Cuando pasaban frente a las costas francesas soltó varias botellas con mensajes contando la historia. Un pescador halló una, avisó a las autoridades que tomaron el barco y liberaron al ingenioso oficial. Hay muchas más historias en la Red.
¿Cuál ha sido el viaje más largo de una botella? En 1929 una expedición científica alemana lanzó una botella en el Oceano Indico con un mensaje que se podía leer sin romper el envase y que pedía simplemente que se leyera, anotara y lanzara nuevamente al mar. Fue hallada varias veces, incluso en Sudamérica; luego se movió hacia el Atlántico y regresó al Indico, recalando finalmente en la costa australiana en 1935. Recorrió 16 mil millas en casi siete años.
Hollywood no ha descuidado el tema. Quizá recuerden una película de Kevin Costner “Mensaje en la botella”. Viudo, escribía poemas de amor a su amada perdida y las lanzaba al mar. Una es hallada por una bella que se empeña en encontrarlo, etc.
Y tuvimos también una variante interesante en “Conagher”, en que Katharine Ross, solitaria en el lejano Oeste, redactaba notas de amor que sujetaba en aquellas ruedas de yerbas que vagan por el desierto. El galán, Conagher, las reunía y pleno de amor decide buscar a la autora, etc.
Sobre textos alusivos también hay muchos y quizá el más conocido sea el de aquella ponencia que Gabriel García Márquez presentó en el famoso congreso de Zacatecas y que tituló “Botella al mar al dios de las palabras”, recordando que los aztecas pedían a una deidad particular inspiración para decir las cosas que tenían que decir: y como no sabíamos dónde estaba ese dios ahora, podríamos enviarle un mensaje embotellado...
Les contaré que hace muchos años, 1967, 68, en el diario “Extra” mantuve una columna titulada “Botella al Mar”, denominación que tomé de un antiguo periodista argentino. Andando los años he visto que otros asumieron el título pero no reclamo paternidades porque, al final, todo esto que escribimos y más todavía si es vía Internet, no son otra cosa que modernas botellas al mar con mensajes que no sabemos quién leerá...

Tío Juan

Derechos Reservados. Cucu Press Features Syndicate

viernes, junio 03, 2005

El tercer aventurero

“Historia de tres aventureros”

Leamos esto, coleguitas:“Lo cierto es que el mundo se maneja desde el delirio. Así como George Bush transporta en su comitiva a un ex cocinero de Mc Donalds diestro en preparar su plato favorito, los chiles jalapeños, culinaria con la que pretendió agasajar a la reina de Inglaterra; así también Alejandro Toledo y Eliane Karp decidieron implantar la realeza inca en las calles de Camacho y lograron primeras planas”.
¿No es una bobada?
Sorprende que un profesional de la destreza de Umberto Jara sea el redactor de este y muchos otros párrafos más en su reciente libro dedicado a denostar a la pareja presidencial y de paso, probablemente, ganarse alguito a su costa.
El texto de Jara está, advierto, bien escrito y se lee rápido y fácil pero padece de un defecto central, una especie de enfermedad incurable, de un mal tan irrecuperable como es la ausencia de credibilidad en lo que afirma el autor. Es decir, no le creemos lo que dice.
Jara es un abogado que incursionó con éxito precoz en el periodismo impreso primero, y luego en la televisión, desde donde apoyó con todo lo que tenía al gobierno de Fujimori y su asesor Montesinos. Está, digamos, en la lista de periodistas que encabeza Nicolás Lúcar e integra, entre otros, Mónica Delta, todos profesionales que no supieron permanecer en el lugar exacto que les concede este oficio y que traspasaron la línea que marca la diferencia entre el periodismo que puede ir de lo amable a lo agresivo, y el periodismo al servicio de intereses. O como decimos aquí, el periodismo “mermelero”.
Este reconocimiento invalida de entrada sus textos críticos al gobierno actual porque es fácil imaginar que este libro, que circula sin pie de imprenta, sin editor, sin dirección, etc. , se unirá a la pila de textos dedicados al insulto de la pareja presidencial y para favorecer intereses que no sabemos por ahora reconocer.
El libro nos lleva a la reflexión sobre el poder de los periodistas. Es verdad que los profesionales de la pluma noticiosa tienen la facultad de escribir y describir lo que ven, expresar opiniones pero tienen un límite preciso: todo su trabajo deberá estar basado en que lo que dicen es verdad, que aquello pasó, que tienen fuentes citables, comprobables.
Pero en el libro de Jara cuando se llega a un nivel de afirmación en que el lector reclama “la fuente”, parece responder de la manera más acomodaticia posible: inventando un interlocutor y reclamando que lo creamos. Así, nos propone como fuente de datos importantes al “comando Schenone”, el “hermano Noé”, “Elías Merenskey”, etc. en un juego de espías de radionovela.
No pues, así no vale coleguita.La historia de la pareja Toledo se presta efectivamente a la narración pintoresca y de mucho color y es verdad que el destino nos hizo una mala jugada a los peruanos al proponernos a don Alejandro como alternativa a Alan García.
Pero la historia que se cuente debe ser de a verdad, no de invenciones y reinvenciones como las que nos endilga al cómodo precio de 15 soles y en Wong, el colega Jara y con gracias por comprar un original, aunque sea mentira.Umberto Jara no hace ningún favor al periodismo y se une a los que hicieron de la diatriba su modo de vida. Por eso le propongo que en la segunda edición asuma protagonismo y retitule su libro como “Historia de Tres Aventureros”.

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viernes, junio 03, 2005

Lección de dignidad

Pobre Lector/de los Jueves

La envidiable dignidad de “O Velho Capitao”Cuentan que el viejo Chateaubriand, a quien sus redactores llamaban sencillamente “Cható”, arrojó el ejemplar de “Life” sobre la mesa y llamó a gritos a su jefe de redacción:
-¡Pronto, a Nueva York, el mejor equipo de fotógrafos, redactores... qué se han creído esos gringos!! La furia del gran editor brasileño en aquellos días de agosto de 1961 era plenamente justificada. La revista “Life” había publicado en su edición en español un reportaje de siete páginas sobre las barrios pobres de Rio de Janeiro, las famosas “favelas”, llamándolas: “Símbolo de la miseria en América Latina”. El quincenario yanqui mostraba en magníficas fotos a una capital triste, violenta y mísera, como si fuera la realidad completa del país y de Latinoamérica.
“Cható” envió entonces a Nueva York al gran fotógrafo Henri Ballot, estrella indiscutida del fotoperiodismo latinoamericano de la época. Sus reportajes en O’Cruzeiro primero y en O’Cruzeiro en Español, después, lo colocaban al lado de Cartier Bresson y Capa, por ejemplo.
El quincenario O´Cruzeiro en Español circulaba desde abril de 1957 con un tiraje aproximado de 300 mil ejemplares, haciéndole dura competencia a las revistas norteamericanas y en particular a Life que hasta entonces había reinado en el continente con su magistral fórmula de Texto/Fotos/Diseño.
Los americanos contaban con la batería de fotógrafos más famosa de la historia, como los citados Robert Capa, Henri Cartier Bresson (de la Agencia Mágnum), Margaret Bourke White, Alfred Eisenstein, Norman Parks, etc. Pero los brasileños no se quedaban atrás porque el team era formidable. Jean Manzon, Joao Martins, Indalecio Wanderley y otros de una larga lista. Como los americanos, contaban con las mejores facilidades para realizar su trabajo, lo que podía incluir el alquiler de un avión especial si hacía falta.
Aquel fue probablemente el primer y hasta hoy gran esfuerzo por acercarse a los vecinos rompiendo la barrera del idioma. Y un signo importante de la decisión de acercamiento fue lanzar la revista con Carlos Gardel a toda primera página.
“Cható” escribió en el editorial de lanzamiento: “O’Cruzeiro en Español es un desafío al desierto que nos separa a unos de otros en América Latina. ¿Podemos combatir hoy las consecuencias de ese desierto?”
Henri Ballot fue a Nueva York armado con su Leica y recorrió despaciosamente sus barrios marginales tomando fotos en Harlem, Bowery St., etc develando una visión de la metrópoli ciudad norteamericana que los latinoamericanos no sospechaban. Borrachos tumbados en las calles, peleas callejeras, pandillas, montañas de basura. Pero lo más significativo fue la sección dedicada a familias puertorriqueñas que sobrevivían en barracas (“slums”) de Manhattan.
El reportaje apareció en O´Cruzeiro del 7 de octubre de 1961 y bajo el título de “Miseria: un nuevo récord americano”. Los editores decidieron además copiar exactamente la paginación de Life y dedicaron a Nueva York el mismo espacio que los americanos usaron para las favelas, es decir, siete páginas completas.La historia de Assís de Chateaubriand y sus periódicos es larga de contar y este no es el momento ni espacio pero valía la pena recordar una gran lección de dignidad que bien podríamos recoger.

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