El Teatro Reportaje
Pobre Lector/de los Jueves
Teatro-Reportaje
Podría ser un solo Acto. La escenografía simple, varias cabinas de emisoras de radio. Los actores, el Premier PPK, Payasito Waisman, Carlos Tapia, el ministro de Guerra, varios periodistas como Raul Vargas, Alberto Ku King, Zenaida Solís, etc.
La trama es sencilla pues es solamente un entrecruzamiento de cifras, desmentidos, acusaciones, burlas, respuestas sobre el Rebrote del Terrorismo y al final, el Premier PPK –que ha saltado de cabina en cabina- acepta avergonzado que se ha equivocado mientras todos los demás lo insultan a gritos. No hay guión, solamente el tema y los actores –que han leído bien los diarios- improvisan a lo largo de unas cuatro horas. Cuando PPK se retira, avergonzado, cae el Telón.
La obra, de técnica clásica de “Teatro-Reportaje” podría llamarse “PPK, el cinismo como terrorismo” y debería ser representada en un teatro popular de algún Cono y por solo unos días... los necesarios para ser reemplazada por otra, como por ejemplo una cómica “Aumento en Día de Inocentes” o la ilustrativa “La Plancha del Frontón” con García y Giampietri, etc.
El uso del teatro como ilustración para sectores populares no es novedad por supuesto. Los griegos lo manejaban magistralmente y he leído por ahí que los Césares romanos llevaban actores a sus fiestas para representar triunfos militares y consta que en el gran circo de Roma se escenificaban batallas navales históricas.Pero el origen del “Teatro Reportaje” en el Japón me ha resultado una novedad que vale la pena compartir.
Otojiro Kawakami era actor, director, dramaturgo, administrador de teatro, o mejor, de kabuki para no confundir estilos y formatos. Decidido y hasta aventurero se había hecho conocido por su habilidad para llevar a la escena historias de la vida real, pero no de aquellas antiguas y tradicionales que todos conocían sino que innovaba inspirándose en los sucesos que conmovían a la sociedad nipona. Era el nuevo kabuki, la Nueva Ola, el “shimpa”.Su especialidad eran los dramas, decíamos, de actualidad y cultivaba así el Teatro reportaje. Por ejemplo, hacia 1890 estrenó “Impacto” sobre un dramático caso de envenenamiento de una familia encumbrada; luego le siguió “Impacto de Nuevo” y finalmente “Otro Nuevo Impacto”, en perfecto estilo periodístico de “follow up” norteamericano.
Al declararse la guerra con China, Otohiro compuso rápido “La sublime y estimulante guerra chino-japonesa” y su estreno fue tan exitoso y realista que varios espectadores treparon al escenario a golpear a los aterrados extras que hacían de soldados enemigos.
Pero el público quería màs así que Otojiro viajó a Corea y retornó al mes para estrenar “El diario de batalla de Otojiro Kawakami” con tan gran suceso que la obra duró desde casi las doce del día hasta las ocho de la noche.Una gira a Occidente fue golpe más audaz de su carrera, llegando a San Francisco en 1895 decidido a conquistar al público norteamericano con sus Reportajes teatrales. Compuso entonces allá mismo la obra “El día de celebración de Dewey en las costas de los pinos de Miho no Matsubara”, escenificando la derrota de la armada española en las Filipinas.Consciente de que los formatos del kabuki podrían dormir al público americano, redujo los textos casi hasta cuatro horas y hasta vistió de jóvenes rubias a los actores que hacían de mujeres porque según la tradición ellas no podían pisar los escenarios.
Pero no había usanza que detuviera a Otojiro e hizo debutar como actriz y bailarina a su esposa Sada Yakko, una de las mujeres más bellas y famosas del Japón, la geisha más deseada del reino.
Kawakami era un actor pero también un periodista. Estaba atento a la actualidad y apenas surgía lo que llamamos “un caso”, lo convertía en obra de teatro donde la clave era su exótica e irresistible esposa, la bella geisha Sada Yakko, que merece otro recuerdo, para otro día.
Tío Juan
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Derechos Reservados. Cucu Press Features Syndicate
Cachascan y Feria
¡A la Feria!
-De Tacos y Cachascán
Qué suerte que tuvo Mario Vargas Llosa: agarró primera fila de la gran demostración de cachascán que organizó la editorial Trilce en la mera Feria del Libro. Es que presentaban un magnífico libro de fotografías de 25 años de luchas y luchadores mexicanos, de Lourdes Grobet, “En el Ring”.
No pudo don Mario menos que recordar que uno de sus primeros artículos de quinceañero fue precisamente sobre los espectáculos de cachascán que organizaba Max Aguirre en el Luna Park de la Plaza Dos de Mayo, en marzo de 1952.(Publicado en mi libro “Reportero a los quince años” al módico precio de 19 soles en la Feria).
Ya no hay luchas de aquellas en Lima pero en México se sigue cultivando esa mezcla de espectáculo con deporte que convoca masas que rugen alentando a sus favoritos. En la Feria treparon al ring (mientras Vargas Llosa aplaudía con entusiasmo de quinceañero) los “técnicos” (o sea, buenos, caballerosos) Safari, La Máscara y Brazo de Oro. Luego subieron los “rudos” (malos, traidores) Atlantis, Mefisto y Ares y no tardaron en trenzarse en un vale todo salvaje que terminó con todos contentos y sin una magulladura.
Un par de días después en la puerta de la Feria repartían propaganda para las luchas dominicales en el “Arenal Coliseo” que tenían como evento central un dos a dos histórico: El Hijo del Santo y L.A. Park (“técnicos”) vs. Máscara 2000 y Universo 2000. Y de yapa Brazo de Plata y Black Warrior vs. Averno y Mephisto, y otros personajes más como Cris Stone, Flash I, León Blanco, Danger, Cien Caras Jr., Hijo de Cien Caras, Neutrrón, Mágnum, para terminar con Estrellas de Jalisco I y II vs. Rey Trueno y Mr. Trueno... No pude ir al espectáculo que ofrecía variantes como Lucha Estrella, Relevos Australianos a Dos de Tres Caídas sin Límite de Tiempo, etc. Esa mañana debíamos regresar a Lima así que me la perdí.Pero había otras batallas en Guadalajara en las que era posible participar, como las platillos desconocidos en los restaurantes típicos que lideraba “La Chata” en pleno centro.
Siempre había una larga cola, a cualquier hora del día y el olor a carnitas fritas que despedía inundaba la calle, trepaba por los balcones, impregnaba la ciudad junto con las Taquerías.Prudentes, un amigo y yo probamos el conservador “La Rinconada” donde el amable pianista Quetzalcóatl Ornelas ofrecía boleros y repartía tarjetas con la leyenda “Su propina es mi sueldo”. Pero tuvimos que insistir en que no trajeran nada “picoso” porque los mexicanos son famosos por sus chiles.A la salida, el taxista nos dio más tarjetas. Una de “Samantha 21 años - foto real”) y otra “Masajes Mari Fer” que agregaba “También contamos con serv. Extremo, baile, parejas, lesbian show”. Encima de las fotos de las señoritas se ofrecía “1x500, 2x850, 3x1200”. ¿Qué querría decir? Ni preguntamos...Lo malo es que todo olía a taco, es decir , a tortilla rellena con carnes, mole, guacamole y cien salsas más de las que los mexicanos son aficionadísimos. Ya sea en carretillas modestas o restaurantes de lujo, nuestros anfitriones pedían tacos, para agregar después los misteriosos chilaquiles, enchiladas, huevos rancheros, camarones a la diabla o al mojo de ajo, etc.Total, la única batalla en que participé fue en la de resistir la tentación de comprar libros aunque me hice de una autobiografía de María Félix, un manual de periodismo, la biografía de la célebre geisha Sadayakko y un ensayo de Oriana Fallaci. Allá quedaron 280 mil títulos más.
A la Feria!! (Uno)
A la Feria!! (1)
Un almuerzo buffet de cocina peruana, mezcla de criolla con andino, con un toque novoandino, algo de chino y pisco sauers, fue el camaretazo de inicio de la participación peruana en la formidable Feria del Libro de Guadalajara que acaba de terminar.
Fueron 500 invitados presididos por Mario Vargas Llosa y Eliane Karp los que desfilaron, tenedor y plato en mano ante las delicias nacionales que provocaron entusiasmos en algunos conocedores, y tremendas diarreas en otros porque algún ingrediente por ahí ya se había pasado de vueltas (Algunos tuvieron incluso que buscar médico que seguramente se limitó a sentenciar “la venganza de Atahualpa los ha seguido hasta aquí...”).
Fuimos decenas de profesores universitarios los que llegamos a Guadalajara a lo largo de sus nueve días, la mayoría por tres noches exactas, para asistir a la vez que participar en la más grande demostración de talento que un país puede exhibir fuera de sus fronteras. Literatos en primer lugar, sociólogos, filósofos, historiadores, periodistas, científicos diversos, Rectores, Vicerrectores, funcionarios... de todo como en botica, para mostrar que los peruanos tenemos una sólida cultura que mostrar y en cualquier terreno, faltaría más.
El grupo de compatriotas literatos no era por supuesto homogéneo y fue inevitable que trasladaran sus diferencias limeñas a las tribunas tapatías, dividiéndose claramente entre los que motejamos “Los Regios”, que estaban en mayoría y los “Clasistas”, con Miguel Gutiérrez y Oswaldo Reynoso que en el otro extremo de la mesa, porfiaron en lo suyo.
Felizmente para aliviar la tensión estaban “Las Musas”, Rocío Silva Santisteban, Rosella di Paolo, Carmen Ollé, Giovanna Pollarollo...
“Los Consagrados” estaban lejanos a todo esto, como el serísimo Edgardo Rivera Martínez o el propio Alfredo Bryce, moviéndose en su nube personal.
¿Y los libros peruanos? Imaginen una de las tiendas del jirón Quilca trasladada a la Feria de Guadalajara. El Estilo Amazonas en dimensión internacional aunque es verdad que los mexicanos fueron poco generosos en el espacio y muchos los libros dando como resultado un amontonamiento poco ordenado de textos que solo el amor de los visitantes por nuestra cultura pudo superar.
¿Qué vendimos más en el incómodo recinto asignado en medio del patio central? Los textos de cocina y un poco de los demás, hasta superar con largueza los cincuenta mil dólares. Lástima que los administradores, el Fondo de Cultura Económica, cobran el cincuenta por ciento por el trabajo, conservan los libros por tres meses a ver si venden algo más y luego donan todo a Universidad de Guadalajara, los anfitriones. Es difícil decir que fue negocio, salvo, por supuesto, en imagen.
Pero todo esto es marginal, casi irrelevante frente a lo que significa esa Feria. La primera impresión es impactante: delante del visitante se muestra una formidable construcción de acero del tamaño de casi tres campos de fútbol, coloridos carteles colgando del techo, música, avisos a todo volumen , un rumor constante que se hacía atronador por ratos. Avenidas principales, calles laterales, y libros, muchos libros, montañas de libros de todo tipo, tamaño, color, para todos los gustos. Lástima que no se pueda decir que eran baratos.
¿Qué hacer? Caminar, mirar buscando a los grandes, Océano, Santillana, Porrúa, Diana, Larousse, Ramdom House, la UNAM y cientos más imposibles de visitar por falta de tiempo...y de físico, pugnando para abrirse paso entre la multitud de visitantes que pagaban el equivalente a dos dólares por ingresar al gran espectáculo de la cultura peruana que culminó el domingo con Tania Libertad.