Tío Gargurevich Periodista

Comparto la profesión con la docencia en la Universidad de San Marcos y la Pontificia Universidad Católica. He publicado libros sobre historias del periodismo, siendo recientes “Ultima Hora. Historia de un diario popular" y "Mario Vargas Llosa Reportero a los Quince años". Y también "Lo Mejor de Cucú Press" para los amigos.

Friday, July 28, 2006

"Hermilio Hernández"


La calle donde vivo tiene el raro nombre de “Prolongación Arenales”, según reza el cartel municipal pero originalmente se llamaba “Mateo Pumacahua”, en homenaje el revolucionario que terminó ahorcado en el Cusco en 1815 luego de ser derrotado junto con Mariano Melgar.
En algún momento alguien decidió que mejor sería rendir homenaje al general español que se volvió patriota y acompañó a San Martín en la campaña y batió al realista O’Reilly. Todo un héroe que terminó de Mariscal y se marchó del Perú en 1823 probablemente porque no se avenía con Bolívar.
Y no tuvieron mejor idea que abandonar al prócer y llamar a la calle “Prolongación Arenales”, como si fuera la continuación de la otra, la que nace en República de Chile y termina en Dos de Mayo.
Era un barrio de rebeldes. Paralela a mi calle estaba “Francisco de Zela”, noble nombre que en los años cincuenta fue cambiado por “Antero Aspíllaga”, el millonario civilista que trató de ser Presidente primero contra Billinghurst y luego contra Leguìa. Su fortuna (la hacienda azucarera Cayaltí) no fue suficiente pero tenía muchos amigos y algún descendiente logró la eliminación del gran patriota tacneño. Salimos perdiendo porque Zela era el héroe del famoso Grito de Tacna en 1811 que le valió prisión y destierro.
“Enrique Pallardelle” es otra calle vecina, que rinde homenaje al protagonista del Segundo Grito de Tacna, que fue también derrotado en 1813. Felizmente nadie lo ha cambiado. Más allá estaba “Atahualpa”, que hoy se llama “Raymundo Morales de la Torre”, un poeta modernista que solo recuerdan los entendidos.
Al otro lado está “Domingo Choquehuanca”, que recuerda el independentista que escribió la célebre “Oración de Pucará” (“...crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina...”) dedicada a Bolívar.
Más interesante es el nombre del parquecito de dos cuadras que tengo enfrente y que fue bautizado como “Casimiro Espejo”.
Espejo era un médico que junto con Gómez y Alcázar conspiraron en 1818 para asaltar el Real Felipe. Era una aventura fantasiosa que consistía en atraer al virrey, atraparlo y llevarlo a una fragata realista (que había que tomar previamente) y luego proclamar la independencia. Pero fueron traicionados y Palma dice que fue la amante de Espejo la que delató la conjura. Total, fueron atrapados en el Callao, torturados, juzgados sumariamente y ahorcados en la Plaza Mayor.
Detrás de mi casa hay un pequeño pasaje, “Rosales”, bautizado así por el dueño del terreno que decidió abrirlo para vender pequeños lotes “puerta de calle”y que por poco no se convirtió en un tugurio.
Pero lo raro es el nombre de la calle de la izquierda, de solo dos cuadras, que hasta 1960 se llamaba “Manco Cápac” y que hoy se titula “Hermilio Hernández”.
No he podido averiguar quién era este señor ni las razones del cambio. No figura en ningún diccionario enciclopédico, que yo conozca por lo menos, y no está en ninguna conspiración, partido político, etc. Un perfecto desconocido para los vecinos que he consultado.
He encontrado en Internet un gran músico mexicano que se llama Hermilio Hernández pero no creo que San Isidro recuerde a algún lejano jaliscience.
¿Alguno de ustedes sabe quién fue ese señor? ¿Un héroe olvidado? ¿Médico, escritor,. Tío de algún Alcalde, un Regidor notable? ¿Quizá un error sin corregir? Misterio. Si lo averiguan y nos lo cuentan harían un gran favor a los vecinos.

Tío Juan

Wednesday, July 19, 2006

La Viuda del Club Peruano

-La Viuda del Club Peruano

Solo una vez me atreví a regresar caminando solo desde el Club Peruano, luego de un partida de bowling, hasta el barrio Sudete, donde vivía y trabajaba, en La Oroya de los años sesentas de la otrora poderosa Cerro de Pasco Copper.
Y es que lo que más me ha asustado siempre son las historias de fantasmas y en La Oroya las escuchaba a cada rato de mi amigo el fotógrafo Noé Lozano, todo un experto. “No vayas solo” insistía. “Te la puedes encontrar...” y yo francamente temblaba de miedo.
La historia era sencilla. Una joven oroyina recién casada había perdido a su marido en un socavón de Cerro de Pasco y desesperada, sin que nada ni nadie la pudiera consolar, se había suicidado en la puerta del Club Peruano, el lugar donde habían nacido sus amores luego de una fiesta de fin de año.
(El “Club Peruano” era el local social de los que estaba en el “Soles Payroll”, la planilla en soles. Los del “Dollar payroll” disfrutaban del restringido “Club Inca”).
“Desde entonces se pasea por ahí, todas las noches, llamando a su esposo, y se puede oír como llora y está vestida de negro y sin que te des cuenta se te acerca y te mira, quiere saber si eres su esposo perdido...”. A esas alturas de la historia cualquiera estaba ya con los pelos de punta. Como yo.
Esa noche, efectivamente, estaba solo, era casi la medianoche y solo se escuchaban mis pasos apresurados hasta que llegué a mi casa sintiéndome a salvo. Pero en el momento en que introducía la llave en la cerradura una mano me tocó el hombro y una voz suave susurró: “Joven...”.
Casi me desmayé del susto. Volteé despacio, con la piel erizada ¡y –les aseguro- no había nadie!
“La viuda te estaba siguiendo” sentenció mi amigo al día siguiente, emprendiéndola luego con historias del Supay Muqui.
“Yo lo he visto” nos contó. “Era rubio, de ojos azules, parecía un ángel de lo bello y estaba vestido de minero... nos miró muy serio y se metió corriendo. Y nosotros también salimos corriendo porque habíamos cometido el error de entrar sin hacerle pago, así que volvimos con hojas de coca, canchita, harina, lo que conseguimos, lo pusimos en un rincón y ya nunca más se apareció”.
Aprendí entonces que todos los mineros juran haber visto al duende de los socavones por lo menos una vez en su vida y que tiene diferentes aspectos. A veces de niño, otras con cuernos tipo diablo pero siempre vestido de minero y reclamando ofrendas.
“Cuando le caes bien te puede indicar dónde hay tesoros” relataba Lozano al grupo refugiado en su casa en una noche de lluvia intensa. Y se lanzaba a contar historias, casi una por día, de mineros que perseguían a muquis para arrancarles el secreto de la veta de oro, de “entierros” revelados por duendes benignos, de catástrofes provocadas por muquis malignos, etc.
“También hay muquis brequeros, del tren que lleva minerales, que aparecen cuando se ha sacado material de un Apu sin pedir permiso” aseguraba.
¿Y porqué les he contado todo esto? Porque acaban de publicar un libro sobre el “Supay Muqui” y estoy haciendo cola para comprarlo, aunque me asuste...

Tío Juan


Tuesday, July 18, 2006

Los perros como noticia

-Los perros como noticia
El enorme helicóptero se posa en el jardín de la Casa Blanca, se abre lapuerta y el primero que asoma es un animal llamado Fetcher Barney Bush, queladra de contento al descender corriendo para retozar junto a Spot Bush.Forman parte del grupo de engreídos (“pets”) del Presidente norteamericano yfavoritos de los periodistas acreditados que hace mucho que aprendieron quelos perros son noticia en los Estados Unidos.Esto de los perros como personajes del periodismo viene a cuento porque eldebate sobre el destino de Lay Fun, el feroz rottwailer asesino de la av.Abancay, divide a los peruanos:“cumplió su deber”o “pobre perrito” hasta elapocalíptico “enemigo de la sociedad”. Luego de haber matado a dentelladas aun ratero gime de hambre y frío en la perrera municipal, “aguardando su crueldestino” como dijo ayer un coleguita.Hace mucho que un periodista norteamericano acuñó la frase: “Si un perromuerde a un hombre no es noticia pero si un hombre muerde a un perro ¡eso esnoticia!” como una muestra de que lo excepcional es lo que le gusta a lagente. Pero después otro coleguita sentenció: “Depende del perro” porqueCheckers, el cocker engreído del Presidente Nixon mordió a un periodista yllamó más la atención del periodismo que la víctima que nadie ya recuerda.La primera vez, me parece haber leído, que un engreído presidencial llamó laatención periodística en los Estados Unidos fue cuando Roosevelt inauguró lacostumbre de atender a sus invitados con la pequeña faldera “Fala” en losbrazos. De ahí en adelante, todos los Presidentes han llevado sus perritos ala Casa Blanca, como el citado arriba, el juguetón “Bush”.La historia ha recogido muchos nombres de perros. Solo les cito a varios delos más conocidos.Por ejemplo, un imaginativo colega hizo en 1912 una crónica sobre los perrosque salvaron la vida en el naufragio del Titanic, gracias a que sus dueñosprefirieron llevarlos a los botes antes que cualquier otra pertenenciavaliosa. Como el pomerania de la millonaria Rotschild cuyo marido murióahogado poco después de pasarle el perrito.Hemos visto también hace poco en el cine escenificada la muerte de “Blondi”,la perra de Adolfo Hitler, en el célebre búnker. La mataron con cianuro paraque no fuera capturada por los rusos.Y recuerdo muy bien porque ya trabajaba en “La Crónica” el escándalo quepromovieron los antisoviéticos y los amigos de los animales cuando Moscúanunció que habían lanzado al espacio el satélite Sputnik ¡con una perra vivaadentro”“Laika” se llamaba y había sido una trotacalles recogida medio muerta dehambre en alguna esquina. Fue entrenada con el mejor estilo Pavlov y lanzadaal espacio exterior... sin retorno. Es decir, que la perrita moriría en unasemana y sus restos darían la vuelta al mundo... toda la vida...Horror. Eso era una prueba indubitable del profundo desprecio que loscomunistas sentían hacia la vida aun cuando fuera de un perro. Y lo cierto esque “Laika” y su destino opacaron la hazaña científica que significó su cortoviaje al espacio.Pero hay otra historia más interesante. Poco antes del Mundial de Fútbol de1996 alguien robó en Londres el trofeo máximo, la Copa Jules Rimet de oro puroy no sabiendo qué hacer lo escondió en un jardín. Y fue el hoy célebresabueso “Pickles” quien la encontró y avisó a ladrido limpio que el honor delos perros ingleses estaba salvado pero no el de Scotland Yard.Y para los que adoraban a “Lassie” en la pantalla les contaré que eran ocho,es decir, uno solo verdadero y siete falsos, especie de “stunt dogs” para lasescenas de riesgo.¿Y los Presidentes peruanos? La verdad es que no he oído de ningún caso deperros o gatos favoritos de los huéspedes transitorios de Palacio de Gobierno.Si alguno de ustedes sabe alguna historia, por favor, ¿nos la cuenta?
Tío Juan

Sunday, July 09, 2006

Crónica Yeroviniana

-Yeroviniana


Todos teníamos sendos y sesudos textos para leer en homenaje a Leonidas Yerovi. Pero es difícil que algo resulte serio cuando se evoca al gran periodista, dramaturgo pero , sobre todo, humorista.
Estaba prevista sin embargo una solemnísima reunión en el antiguo Senado de la República, hoy llamado “Sala Porras”, para presentar la Obra Completa del gran Yerovi. Tres voluminosos volúmenes que son toda una delicia.
Se había programado –primera sorpresa- que abriría la presentación el mismísimo Presidente del Congreso Marcial Ayaipoma quien, por supuesto, estaba ocupado cuando todos esperábamos el “Vamos” para leer nuestros textos a las 7 pm. en punto ante un auditorio casi lleno.
¿Los comentaristas? Luis Jaime Cisneros, Gonzalo Portocarrero, Alberto Isola, Juan Gargurevich (el estilo Ollanta se me ha pegado), Marcel velásquez el autor de la compilaciòn y notas, palabras de la nieta Celeste Viale, como intermedio un juguete cómico leído por los biznietos Paloma Cisneros y Mateo Chiarella. Toda una fiesta académico periodística dramatúrgica.
Sentados en una salita del fondo (”Sala de Embajadores” la llaman) mirábamos el reloj y sacábamos la cuenta del tiempo que nos quedaba para intervenir. Sabio y maduro, Luis Jaime sacó su lapicero y comenzó a borrar partes de su texto. Yo hice lo mismo disimuladamente mientras Marcel tachaba sin asco. Portocarrero reducía sus notas a la par que Isola que no había podido imprimir su texto y garrapateaba lo que se acordaba en el sobre de la invitación.
A las 7.30 pm. Luis Jaime carraspeó nuevamente, volvió a sacar su lapicero y borró más de su discurso. Marcel y yo acordamos que solo comentaríamos nuestros textos, Isola y Portocarrero estaban claros en la brevedad y solo tenían una breve hojita.
A las 7.45 pm. me hice el gracioso y dije “Creo que solo diremos, qué buen libro y muchas gracias” pero nadie esbozó una leve sonrisa pues el malhumor era evidente. Los funcionarios entraban y salían, miraban sus relojes, cuchicheaban y logré escuchar “está con Del Castillo, no puede venir”.
Un televisor permitía seguir la sesión que se desarrollaba en la otra sala; había “Pleno”, es decir, los congresista debatían a gritos algo sobre el agro.
Casi a las ocho entró para consolarnos la simpática aprista Elvira de la Puente que nos contó que acababa de presentar un proyecto para crear la “Universidad de las Artes”. Nos miramos nomás y la verdad que no le hicimos caso.
Por fin, pasadas las ocho entró el Presidente del Congreso rodeado de funcionarios y seguido de un elegante edecán de la marina.
El primer volumen se inicia con un texto, bien escrito, suscrito por Marcial Ayaipoma pero me temo que alguien se lo escribió o ya no se acordaba de cuando lo redactó. Y tampoco estaba bien informado de la edición pues antes de pasar a la sala donde ya bostezaba mas de un centenar de amigos, preguntó: -“¿Son tres volúmenes?”.
Ya no importa lo que dijo. Expusimos lo poco que quedaba de nuestros textos, los muchachos actuaron la obrita, Celeste Viale agradeció en nombre de la familia y ya era momento de brindar e irse. Pero de pronto apareció por el foro un señor bajito que fue anunciado como el Tercer Vicepresidente del Congreso.
Y nos soplamos un discursito final al mejor estilo Yerovi (“declaro clausurada la presentación del libro”) quien se hubiera divertido de lo lindo si hubiera estado ahí.
(O a lo mejor... estaba....).

Tío Juan