domingo, diciembre 31, 2006

-Tamariz, la memoria entrañable (Final)


Los periodistas, como sabemos, se mueven en por lo menos tres escenarios distintos y paralelos a la vez, esto es, la política, la cultura popular y las redacciones. Allí es donde están los personajes, suceden los eventos dignos de ser noticia y, por supuesto, los dramas que el reportero puede observar desde el lugar privilegiado que la sociedad les concede.
Pronto, el hombre de prensa aprenderá que debe compartir, convivir con sus colegas porque los cazadores solitarios son muy raros en este oficio; y también que para poder trasladar a su lector, oyente o televidente debe conocer la política y su historia, y que si no sabe quién es la cantante más popular del momento, nunca sintonizará con los lectores.
Tamariz nos regala una lección de esto en sus Tomos de memorias porque efectivamente combina aquellas tres sapiencias que permiten que los periodistas sean personajes particulares. Por ejemplo, en el Tomo III que circula recién, nos acerca a eventos políticos que observa y juzga desde el sitio del periodismo, como el retorno de la democracia en 1980 y el nacimiento de nuevos diarios que obligarían a los antiguos a renovarse, o perecer, como el caso de
“La Prensa”.
Observa también Tamariz, pero ahora críticamente, la nueva generación de políticos que encabeza Alan García, “el mozallón”, llegando hasta la derrota de Vargas Llosa y el autogolpe de Fujimori, a quien llama “un advenedizo en el poder”. Tiene páginas especiales dedicadas a los colegas que murieron víctimas de la violencia de los ochentas, en especial el atroz suceso de Uchuracay, y los casos de Hugo Bustíos, Jaime Ayala y otros.
Al lado de los políticos y de los periodistas están también los personajes populares, los que hacen noticia, acaparan titulares de las secciones de espectáculos a veces llegan hasta las portadas principales. Tamariz los sabe reconocer bien, como se ve en los tres tomos.
Una lista rápida, que un buen periodista debe recordar: Pérez Prado y el mambo, Ima Súmac, Chabuca Granda, Tongolele, Gladys Zender, Maria Felix, Chuby Checker, Sofocleto, Betty di Roma. Elvira Travesí, Sérvulo Gutiérrez, Nicomedes Santa Cruz, Gladys Arista, Saby Kamalich, Madeleine Hartog Bell, Hugo Sotil, Mario Vargas Llosa, etc., todos personajes de noticia.
La lista de periodistas citados y reconocidos es enorme y en la sección “Adioses”, Tamariz recuerda a los colegas que desaparecieron en el lapso que cubre cada tomo y, por supuesto, les rinde cálido homenaje reconociendo a quiénes contribuyeron a la construcción del buen periodismo que tenemos hoy.
Algo que se extraña en las redacciones de hoy es la unidad gremial. La Federación de Periodistas , por ejemplo, organizaba congresos anuales que reunía a lo mejor del periodismo. Hoy la Federación ya casi no existe y la posta del gremialismo ha sido tomada por la Asociación Nacional de Periodistas que ha logrado, efectivamente, convocar al periodismo provinciano pero no al limeño. Es así que el antiguo espíritu fraterno que enlazaba a los colegas se perdió y no
sabemos si para siempre.
¿Qué nos separó? La política sin duda, pero también el surgimiento de nuevas promociones de periodistas formados académicamente que llegan con nuevas tecnologías que la generación del 50 ni siquiera imaginó y son pocos los que, como Tamariz, han logrado renovar sus sabidurías.
Todo esto lo cuenta “Taquito” en sus Memorias, que son indispensables de revisar para comprender mejor al periodismo de los últimos años. Quizá se extrañe una mirada crítica al mundo empresarial de los medios masivos, a la discutible libertad de prensa, la omisión a la ofensiva gerencial contra los sindicatos, las difíciles condiciones de trabajo de los colegas. Pero esa es otra historia que otros contarán. A Tamariz debemos agradecerle este enorme esfuerzo por acercarnos al periodismo más allá del ejemplar que el lector toma en sus manos cada día y lo revisa para saber qué pasó en el mundo.

FIN

viernes, diciembre 29, 2006

-Tamariz, la memoria entrañable (Uno)


Domingo Tamariz acaba de publicar el tercer tomo de sus “Memorias de una pasión”, y sigue siendo la mejor historia personal del periodismo limeño que se haya escrito.
El primero, de 1997, se tituló “La prensa peruana y sus protagonistas” y el autor tuvo el buen criterio de colocarle “Tomo I”, indicando que abarcaría solo de 1948 a 1963. El segundo tomo, que circuló en el 2001, llevó como subtítulo “La prensa peruana entre la democracia y el autoritarismo”. Y ahora, el tercero nos dice que se habla de “La prensa durante el terrorismo, la hiperinflación y el autogolpe”.
Los tres tomos, dedicados a medio siglo la historia del periodismo limeño encierran una cantidad monumental de historias personales, anécdotas, dramas de cierres o clausuras, despidos arbitrarios, renuncias por convicciones, fundaciones de periódicos, fracasos dolorosos, desempleos forzados, desapariciones dolorosas.
No todo es dramático en el periodismo, sin embargo, porque el balance de Tamariz es favorable al ejercicio de un oficio tan difícil. Y si cabe preguntarse el porqué de su elección, “Taquito” nos da la respuesta en el título de su obra: la vocación llevada a extremos de pasión.
Recorrer los tres tomos nos acerca a la intimidad de los hombres y mujeres de prensa, contándonos cómo eran aquellos legendarios reporteros de los años cincuenta y que andando los años se convertirían en protagonistas centrales de los muy difíciles años del Gobierno Militar y luego de la reconstrucción del periodismo. Esa generación, la del Cincuenta, ya está de salida pero ha forjado a por lo menos dos generaciones más de los periodistas que han tomado la posta.
Tamariz tiene 75 años pero francamente no los representa. Dinámico, vital, regordete de toda la vida, abraza con afabilidad a sus amigos y sonríe siempre.
Nunca da paso atrás para un café con leche o un par de cervezas y si es en el centro de Lima, mejor. Y hay que aprovechar porque una buena charla con Taquito es un gustazo exquisito.
Pocos como él saben historias de periodistas, de cacería de noticias, de redacciones. Y con una muy rara característica: para Tamariz todos los periodistas somos buenas personas; del resto no sabe, pero los colegas están siempre por encima de todo. Porque ¿cómo no va a ser buena gente alguien que en vez de ser comerciante, abogado o militar, decide ser periodista?
Probablemente la otra pasión de Tamariz sea la de gitano. En su extensa biografía profesional, que se inicia con estudios de periodismo en la legendaria Escuela de la Universidad Católica, se registran una decena de títulos que se inician con “Pregón”, del experimentado Amadeo Grados Penalillo, que lo introdujo en el mundo de las redacciones precarias, las lúgubres imprentas del
jirón Camaná y , sobre todo, en la certeza de la precariedad del oficio que ya nunca abandonaría.
Revisemos los periódicos en que ha trabajado: Pregón, La Noche (de Balarezo), Ultima Hora, La Prensa (de Beltrán pero sobre todo del Jirón de la Unión), Varieté (puras vedettes) , Extra, Caretas, El Mundo (sociales), Intima (incursión en zona femenina), Orfeo (musical!), Corner (para los deportes), Así (pura política), Vistazo (su esfuerzo más querido, me parece), La Tercera de La Crónica, La Crónica (en tiempos de militares), Diario 80 (un esfuerzo descomunal), Punto y finalmente, desde 1982, nuevamente Caretas, donde ancló y está todavía participando.
Pueden imaginar entonces a cuántos periodistas y periódicos habrá conocido y de cuántas situaciones ha sido testigo en tantos y variados contextos.
La otra sub-vocación de Tamariz es la historia del periodismo y parece que quería trabajar una integral, desde los tiempos de fundación del Diario de Lima de 1790. Pero se decidió finalmente tomar como punto de partida… a sí mismo.
Así, por tanto, se inicia esta historia: el día en que Taquito Tamariz, con veinte años cumplidos, cobró 50 soles por su primer artículo.


miércoles, diciembre 27, 2006

Orbegozo, cazador de noticias (FINAL)

Historias, personajes, paisajes, dramas, anécdotas, fluyen con suavidad de las páginas de las Memorias de Manuel Jesús Orbegozo, y tanto, que el lector pareciera estar sencillamente charlando con el veterano periodista que, por supuesto, se reserva el derecho de contar lo que quiere.
Porque esta no es una autobiografía. Se trata de Memorias, trozos de vida que elige el memorioso para contar, de tal suerte que no tenemos que exigirle qué pasó en tal o cual momento. Lo interesante es que se trata de recuerdos periodísticos que incluyen cómo logró tal o cual noticia, porqué la eligió y, sobre todo, la marca que dejó en su vida.
Orbegozo organizó sus textos –creo que escritos originalmente en desorden- en dos partes, sendos tomos, que llamó “Ciudades y Países”, donde hace retratos de personajes y lugares; y “De Biafra al Golfo Pérsico” en el que se compromete más en la política sin disimular su visión crítica desde una posición de izquierda.
Pero los títulos de los tomos, especialmente el primero, son engañosos porque si bien nos remiten a, dijimos, “ciudades y países”, en el centro de todas las narraciones están los personajes, los que realmente hicieron atrayente la historia y por los que Orbegozo tiene la más cálida preferencia.
En cada viaje, en cada crónica, Orbegozo siempre encontrará un interlocutor. Alguien que lo ayude y lo guíe; y tal vez que lo engañe y hasta lo estafe.
Viajero solitario, necesitará siempre de presencias que lo animen como, citemos algunas, la bella azafata amante de Yuri Gagarin, el tullido Jean Louis de Lourdes, el presunto policía estafador de Roma, la bella casada de Tesalónica, Maruja Pons la amante del dictador Manuel Odría, el encantador de serpientes de Katmandú, el negro guachimán del Rockefeller Center, el brujo
de Camerún… Son decenas.
Algunos de estos personajes serán memorables. Por ejemplo, la celebérrima anécdota de su extraña boda con la joven Mbaré, una historia que recuerda con nostalgia y algo de culpa sin duda. Esta es la historia, en breve.
Orbegozo había salido una vez más de cacería noticiosa, esta vez en busca del Emperador Bokassa I, el Napoleón africano, que era juzgado en la República Centroafricana. El caso se merecía una visita y una buena crónica así que enrumbó a Luanda para conseguir visa pero no tuvo éxito y todo indicaba que su misión había fracasado. Pero entonces le sucedió algo insólito: una joven burócrata del Ministerio le propuso casarse.
Orbegozo pensó en la visa , y efectivamente tuvo una ceremonia nupcial y un banquete con invitados al final del cual ella le reclamó estar solos y él le pidió la visa con la promesa de recogerla al día siguiente para iniciar la luna de miel. Pueden imaginar el final. El reportero huyó, pasaporte en mano, hacia el aeropuerto y llegó finalmente a Bangui y logró la cobertura del
juicio.
La historia ilustra bien lo que lector recoge a lo largo de los textos: la tenacidad orbegoziana, la persistencia elevada casi hasta la necedad con tal de no retornar con las manos vacías, el apelar a cualquier recurso para lograr una foto, una entrevista.
Las crónicas aparecieron en su mayoría en el Dominical del diario “El Comercio”, especialmente cuando lo manejaba Francisco Miró Quesada, el lúcido filósofo que le comprometió su apoyo. Allí, en la hemeroteca, están todas estas historias que tienen, como dijimos antes, la otra historia, la de los trabajos que pasó para conseguirlas.
En resumen, si se quiere saber cómo hace un buen periodista para lograr buena información hay que repasar a Manuel Jesús Orbegozo una vez más, porque ya conocemos varios de sus libros en los que, como ahora, contó con profesionalismo a la vez que compromiso, cómo era el mundo en el tiempo que le ha tocado visitar.
Ya no publica Manuel Jesús en ningún periódico pero no ha dejado de escribir, embarcándose con entusiasmo en el mundo de los Blogs. Se le puede visitar en su página que titula “Un Mundo, Un día”, y apreciar su excelente pluma y su persistente vehemencia para exponer su opinión.
Pero esos libros, por favor, hay que leerlos.

FIN

martes, diciembre 26, 2006

Orbegozo, cazador de noticias (Uno)


“Cazador de noticias” es la mejor descripción que se me ocurre de Manuel Jesús Orbegozo, porque cuando partía para iniciar uno de sus largos viajes ya sabíamos que retornaría con la maleta repleta de los trofeos que atesoran los verdaderos periodistas, esto es, entrevistas, crónicas, relatos. Y además no pocas heridas, de las verdaderas y las del alma.
Cuando se ha trajinado en este oficio por más de cincuenta años, imagínense todo lo que hay para contar. Sin embargo no todos los periodistas se sientan a recordar y redactar experiencias de cacería noticiosa que en el caso de Orbegozo pueden resultar un conjunto de relatos apasionantes.
Felizmente el veterano trujillano se sentó a escribir para contar parte de su vida de periodista y no toda porque harían falta muchos tomos. Recuerdo muy bien que un discípulo sanmarquino le preguntó una vez cuántas páginas había escrito.
Y Orbegozo lo pensó bien y contestó:
-“Bueno, una camionada por lo menos…”
Sus dos tomos de memorias periodísticas que tituló “Testigo de su tiempo” y que circulan desde hace unos meses (Fondo de Cultura Económica), contienen parte de la historia de cómo fueron escritas tantas y tantas notas periodísticas en todos los registros posibles. Es el otro relato, la batalla cotidiana por conseguir una entrevista , lograr una primicia, enviar información al diario o, como podemos apreciar, salvar el pellejo en no pocas ocasiones.
Es verdad que los verdaderos profesores deben transmitir su experiencia a sus alumnos, pero hay casos en los que parece imposible. Porque ¿cómo en enseñar, por ejemplo, a perseguir noticias sujetando una sonda que vaciaba la orina en una bolsa, o escribir atenazado por feroces cólicos biliares, o librarse del inminente asalto de jóvenes africanos o delincuentes colombianos, o a brindar con té batido con mantequilla de yak?
Orbegozo ha dado la vuelta al mundo casi tres veces, agotando pasaportes y atesorando recuerdos sencillos como, por ejemplo, los tenedores de todos los vuelos de treinta años y fotos, muchas fotos.
¿Cuándo comenzó realmente la ininterrumpida cacería de Orbegozo? Lo conocí en “La Crónica”, allá por 1955. No ha cambiado nada: bajo, fortachón, moreno, podría servir como modelo de algún antiguo gobernante moche. Era un veterano cuando yo hacía mis primeras notas y junto con su paisano Antonio Fernández Arce y el cusqueño Hernán Velarde formaba parte de la nueva generación de periodistas que debía renovar el diario de la familia Prado. Otro trujillano, Pedro Morales Blondet, fue el encargado del cambio.
Orbegozo era Jefe de Informaciones y apreciaban mucho sus entrevistas (“reportajes”les decían por entonces, no sé porqué), era amigo de todos, pero tenía un defecto para la administración: era de izquierda, discreto primero y luego desembozado pues no ocultó su militancia en el histórico Movimiento Social Progresista donde estaban los Salazar Bondi, Ruiz Caro, Moncloa, Agurto, Ruiz Eldredge, Damonte, y muchos más que habían logrado organizar una alternativa
política real.
Lo despidieron del empleo poco después que a mí. Yo había editado junto con Oscar Manghiert y otros amigos una revista en la que no tuvimos mejor idea que darle duro al pradismo y, claro, la respuesta fue la expulsión fulminante.
Creo que nos hicieron un favor, al final. La vida condujo a Orbegozo al diario “El Comercio” donde trabajó por más de treinta años y le dio la oportunidad de iniciar sus viajes por el mundo, acumulando experiencia, dando a sus lectores una visión particular de grandes sucesos y más allá de la estrechez de las agencias internacionales de noticias.

domingo, diciembre 24, 2006

Crónica de la crónica de Gorriti (Dos)


La eficaz cirugía periodística de Gustavo Gorriti en un soporte del peso de “Caretas”, acompañados por otros periodistas y periódicos, obligaron finalmente a las autoridades policiales y judiciales a perseguir a Carlos Langberg y llevarlo a la cárcel.
Varias historias, decíamos, se entremezclaron aquí, como las extrañas maniobras de la DEA, los generales del entorno de Morales Bermúdez, los jueces y policías involucrados, todo un escenario de corrupción digno de serie de televisión.
Pero es interesante destacar la sabia utilización del periodismo por la facción del Partido Aprista que buscaba socavar la influencia del narcotraficante que había logrado instalarse en la llamada Cúpula partidaria.
“Caretas” publicó el 14 de octubre de 1980 la información de la captura de Jorge Idiáquez en México, en un yate perteneciente al poco conocido comerciante chalaco Carlos Langberg.
El asunto pareció olvidado pero el 1ro. de octubre de 1981, el Diario Marka publicó una nota de media página, sin firma, titulada “¿Nuevo ‘hombre fuerte’ en el APRA?” y con una serie de datos que los entendidos comentaron que solo podía provenir del interior de Alfonso Ugarte. Varios meses antes de la recordada carátula de “Caretas” con Langberg en bividí, del 8 de febrero de 1982.
Allí aparecieron informes detallados sobre Langberg y sus amistades apristas. Se decía, por ejemplo: “El personaje que ha decidido manejar el APRA no es hombre conocido en política. Es más, no tiene trayectoria política. Actualmente goza de la protección de la Brigada Dorada que jefatura Idiáquez. Ellos son los que custodian la residencia de Langberg en La Planicie. Ya tiene un sitial dentro del APRA y consecuentemente en la política nacional”.
La batalla interna debió ser terrible. De un lado Pablo Abril de Vivero, el “Puma” López Silva, Carlos Enrique Melgar, Luis Alva Castro, el Histórico Idiáquez; del otro el trujillano Torres Vallejo y agazapado aguardando, el jovencísimo Alan García Pérez apoyado por Armando Villanueva, etc.
Las dos crónicas sucesivas de Gorriti en “Caretas” desataron el infierno en el APRA y junto con el trabajo de otros periódicos que también siguieron la historia lograron la cárcel del narco pero también el gran cambio en el Apra.
Es interesante destacar, por ejemplo, la tarea de “Marka” que en febrero de 1982 publicó una serie de tres notas tituladas “Langberg: Primero un modesto comerciante; tres años después, poderoso magnate”; “PM era el inicio de un imperio publicitario” y “Las redes de Langberg”.
¿El autor de la serie que puso la puntilla en el caso? El joven y calmoso Salvador García, uno de los mejores redactores del diario y que era primo hermano de Alan García, el gran ganador de la guerra aprista pues fue elegido Secretario General del partido e inició su ascenso cabía el liderazgo total, la candidatura y la posterior Presidencia del país. Salvador había sido el
encargado del caso en el recordado diario de izquierda.
¿Qué será de la vida del simpático Salvador? Me contaron que fue nombrado de algo en la Embajada del Perú en España apenas su primo asumió el poder y que se quedó allá. No me consta, salvo que un día se esfumó de “Marka” y nunca más volvió.
Así pues, si Alan García sabe contabilizar le debe mucho al periodismo, a Gustavo Gorriti y a Salvador García, a “Caretas”, al “Diario Marka”, y a Carlos Langberg mismo por supuesto.
Finalmente: Cualquier periodista hubiera deseado participar en esta historia y redactar la crónica. Ojalá muchos se animen a contar sus historias y que tomen como ejemplo este gran texto de Gorriti.


FIN

sábado, diciembre 23, 2006

Crónica de la Crónica de Gorriti (Uno)

-La crónica de Gorriti (I)

“… El cegato director de Caretas volteó y entrevió a un hombre de edad avanzada que le sonreía.
-¿Cómo? ¿No te acuerdas de mí? ¡Soy Carlos Langberg!
Entre la nave de quesos y embutidos, los viejos conocidos se estrecharon la
mano, se palmearon el hombro con cierto embarazo. Después, cada uno se alejó hacia una caja diferente, empujando el carrito de compras y los más setenta años de vida de cada cual. Al final siempre es así”.
¿No les hubiera gustado ver esta escena?
El ya viejo otrora poderoso narcotraficante que fue derrotado por el periodismo tenía al final un extraño gesto de gangster de película con el Director de la revista que prácticamente lo condujo a la cárcel y quien, es muy probable, casi lo había olvidado. Así termina la gran crónica de Gustavo Gorriti que acaba deser publicada con el título de “La calavera en negro. El traficante que quisogobernar un país”.
No he tenido la oportunidad de trabajar con Gustavo Gorriti y no sé si me gustaría porque me cuentan que es capaz de poner al borde del infarto al editor más inmutable. Es de aquellos, me aseguran, que entregan su texto en aquel instante en que el editor, mismo croupier, abre los labios para pronunciar el “no va más”, cuando las rotativas se aprestan a rodar y el resto de la redacción aguarda a que coloque la letra final.
Enrique Zileri , de Caretas, sobrevivió a Gorriti porque el reportero se convirtió en los ochentas en el eje de la revista que luego de su resistencia alGobierno Militar debía retomar la ruta del buen periodismo en las nuevas condiciones que planteaba la democracia liderada por Belaúnde Terry, un nuevoParlamento, partidos de izquierdas y derechas en acción.
En Caretas Gorriti hizo su mejor aprendizaje de periodismo de investigación en parte por sus virtudes de luchador y porque el entonces quincenario había demostrado hacía mucho que era capaz de resistir las presiones más intensas.
Su primer gran trabajo fue la serie de notas sobre Carlos Langberg, narcotraficante enriquecido en poco tiempo y luego protector del Partido Aprista hasta el punto de casi dominar a la llamada cúpula y hasta tomar decisiones.
Desde entonces Gorriti ha hecho decenas de investigaciones aquí, en Panamá(donde incomodó tanto que le hicieron la vida imposible) y las luce como condecoraciones virtuales. Pero la principal, quizá la entrañable, es esta sobreCarlos Langberg que da origen a su libro.
Quizá Gorriti inició la redacción tomando distancia de los personajes y los hechos avanzando hacia una narración de periodismo clásico pero sospecho que en el camino se fue involucrando tanto en la historia que decidió entrar en ella,convirtiendo el texto en una gran lección de ejercicio personal del periodismo en sus dimensiones técnicas y éticas.
El texto nos muestra de manera dramática cómo Caretas y él mismo decidieron asumir la historia del narcotraficante y convertirlo en el “Caso Langberg” que culminaría un par de años después con la prisión del traficante.Pero en el libro hay, entremezclada, otra historia, la del joven Alan García pugnando por hacerse un lugar en la dirección del Partido Aprista dominado por la Vieja Generación con “históricos” como Jorge Idiáquez , Pablo Abril de Vivero y otros que eran sostenidos por Langberg.

-Continuará

sábado, diciembre 23, 2006

Mis libros del 2006

No podría decir cuáles fueron los mejores libros publicados en el Perú en este2006 que se nos va… pero puedo afirmar en cambio que los siguientes son losprincipales de los escritos por periodistas. Hay algunos más pero esta lista,como todas las selecciones, es absolutamente arbitraria.
Unos son memorias personales con la carga de subjetividad que esto supone, otros son investigaciones narradas con destreza profesional. Hay tambiénb investigaciones en las que el periodista se involucra hasta el punto de formar parte de la historia. Están además las recopilaciones de crónicas o artículos,una novela y finalmente varios inclasificables, esto es, que no encajan en registro o género conocido.
Los textos que listaré han sido escasamente mencionados en los medios. Debe ser porque los periodistas carecen de aparatos de difusión editorial que les asegure reseñas y críticas, o porque los críticos literarios están muy ocupados reventando cuetes a los de siempre.
Tenemos que congratularnos, eso sí, de que por fin los periodistas se animan a entregar sus textos a las editoriales o escriben especialmente para libro, algo normal hace años en Buenos Aires, México, Bogotá y no digamos Río o Sao Paulo.
Hemos tenido un retraso que felizmente vamos superandoEsta vez solo les pasaré la lista, en orden alfabético. Pero en los próximos días ensayaré comentarios de mis favoritos:

Butters, Phillip. Muerte Súbita. La historia que los hinchas no conocen.Aguilar. Lima. 2006.

Gargurevich, Juan. Lo Mejor de Cucú Press. Cucú Press Features. Lima. 2006.

Gorriti, Gustavo. La calavera en negro. El traficante que quiso gobernar unpaís. Planeta. 2006.

Ortiz, Beto. Grandes Sobras. Crónicas. Paradero Editores. Lima. 2006.

Paredes, Carlos. La caída de del héroe. La verdadera historia del generalKetínVidal. Planeta. Lima. 2006.

Titinger, Daniel. Dios es peruano. Historias reales para creer en un país.Planeta. Lima. 2006.

Jochamowitz, Luis. Ultima Noticia. Aguilar. Lima. 2006.

Lauer, Mirko. La cultura política peruana. Un glosario. La República. 2006.

León, Rafo. La expulsión del Paraíso (según la china Tudela). Planeta. Lima. 2006.

Meza Valera., Walter. Cuentos sin Cuento. Vademécum turístico para visitar la Amazonía peruana. Editorial San Marcos. Lima. 2006.

Orbegozo, Manuel Jesús. Testigo de su Tiempo. Tomo I: Ciudades y Países; TomoII: De Biafra al Golfo Pérsico. Fondo de Cultura Económica. Lima. 2006.

Tamariz Lúcar, Domingo. Memorias de una pasión. Tomo III (1980-1992). La prensadurante el terrorismo, la hiperinflación y el autogolpe. JaimeCampodónico/Editor. Lima. 2006.

Valenzuela, Cecilia (Prólogo de investigación colectiva). La muerte se escribe sola. Una historia basada en el crimen de Challapampa. Agenciaperu.com/Aguilar.Lima. 2006.

domingo, diciembre 17, 2006

¡Vergogna en la Scala!

-¡Vergogna, vergogna!!

Las voces se elevaron, estentóreas:
-¡¡Vergogna, vergogna, questo e la Scala!!, ¡¡Questo e la Scala de Milano!!!
Algo alucinante acababa de pasar en el escenario donde se reponía, por enésima vez, la formidable “Aída” de Verdi hace unos pocos días.
El poderoso tenor francés Emilio Alagna culminó el aria de apertura con su estentóreo “..un trrrrono…vicino al Soooool…” y se hizo un decisivo instante de silencio. Luego surgió por ahí un timido “bravo” pero de allá arriba, de la otrora temida “claque”, de donde dicen que están los verdaderos entendidos, brotó el despiadado y temido: -¡¡¡Buuuuu... buuuuuuu... buuuuuu...!!.
El divo, furioso, hizo un gesto de desprecio y marchó hacia bambalinas, equivocándose de salida y entonces retornó y cruzó despacio todo el escenario, marchándose, ante el asombro de, por ejemplo, el Presidente de Italia, Romano Prodi o de la Canciller de Alemania, Angela Merkel, su invitada y de los demás privilegiados que habían pagado hasta 2 000 Euros por una platea.
(Vayan a Youtube.Com y tecleen “Alagna La Scala”. Ahí comprobarán la escena).
¿Se interrumpió la función? Eso pasó, por ejemplo, cuando alguien abucheó a María Callas allá por 1965 al terminar de entonar su “Casta Diva”. La divina flaca plantó el espectáculo sin pensarlo dos veces y se marchó al hotel a hacer sus maletas.
Pero otros aguantaron el abucheo sin pestañear. Como Puccini por ejemplo, a quien protestaron su exquisita “Madama Butterfly” y al final del aria “Un bel di vedremo” alguien de arriba gritó: -¡Eso es de la Boheme!!
Se sospecha que esto de Alagna parece haber sido un plan maquiavélico. Por ejemplo, cuando llegó a la Scala, tempranito, para ir “calentando” y ensayando algo, escuchó que otro tenor hacía gorgoritos y cantaba “Celeste Aida” en una sala contigua. Era , le dijeron, un italiano, tenor de segunda, llamado Antonello Palombi que estaba ahí “solo por si acaso”.
Y tan listo estaba, que cuando Alagna desertó de la escena y Amneris, la hija del Faraón, se arrancaba en solitario con el dúo que seguía, surgió Palombi, en jeans y chaqueta, reemplazando al otro Radamés, como si nada, sin que el director de orquesta hubiera esbozado siquiera una pausa, una interrogante.
Ahí comenzó a gritar la gente de nuevo pero no hubo nada que hacer. En las escenas siguientes ya el italiano se disfrazó de Radamés, con ropas que tenían listas también “por si acaso”.
Esto parece una historia de Mario Puzzo en la que solo faltan los asesinatos pero que evidencian que hay evidentes divisiones en la mafia del bell canto mundial. Alagna, su esposa la gran rumana Angela Georgiu, el español Domingo, etc., están en un lado; en el otro, los italianos igualmente divididos.
Alagna convocó a la prensa al día siguiente a la Piazza de la Scala y cantó la de Puccini “Addío, fiorito asil” despidiéndose de Milán pero anunciando una batalla legal que la Scala también notificó que repelerá y llevará hasta las últimas consecuencias.
Todo indica pues que Alagna, como dicten los peruanos , “pisó el palito y pateó el tablero”, y fue víctima del maquiavélico y criollazo método que consiste en largar los perros para provocar la conducta deseada.
Esto no ha terminado, por supuesto. La guerra operática acaba de comenzar.
Veremos si quien canta último… canta mejor…
…………...