sábado, enero 27, 2007

Uchuraccay, 24 años FINAL

-lOS HAN MATADO A TODOS.../

-“¿Los han matado a todos? Pero… ¡esos eran periodistas!” dicen que exclamó el joven teniente de la Marina Ismael Bravo, cuando escuchó estremecido y hasta incrédulo el relato de los campesinos. La patrulla de infantes y sinchis que comandaba había llegado al lugar del drama el 28 de enero para comprobar los avisos de mensajeros.
Asustados, comenzaron las recriminaciones, las acusaciones, los preparativos para escapar –como en el caso del gobernador Fortunato Gavilán, el primero en huir.
El oficial usó el radio, avisaron al general Noel Moral, éste a su Comando y la noticia llegó hasta el propio Presidente Belaúnde que llamó a sus jefes de Inteligencia para plantearles la interrogante: “Y ahora ¿qué hacemos?”.
Tomaron decisiones rápidas. “Hay que decir que esos campesinos, ignorantes y primitivos, que no hablan castellano los mataron porque llevaban una bandera roja. Todos deben sostener la misma versión”.
Y así fue. El discurso a que se aferraron se resume así: “Somos ignorantes, no sabemos, traían bandera roja… los jefes nos dijeron que matáramos a los que venían a pie”.
Luego siguió un verdadero huayco de acusaciones y reclamos. Esa debe haber sido la sensación de los comuneros de Uchuraccay cuando les cayeron como una avalancha más militares, periodistas, familiares y luego hasta una Comisión presidida por Mario Vargas Llosa, el escritor más famoso del Perú.
Escudados en su idioma, juramentando solidaridad, soportaron el chubasco de preguntas y hasta se dieron el lujo de atemorizar a la Comisión cuando comenzaron a ser cercados por las evidencias. Quizá pensaron que su crimen quedaría impune.
Pero semanas más tarde, quedaron solos. El problema se trasladó a Ayacucho, al juicio y el debate periodístico y los militares se desentendieron de Uchuraccay.
Quizá alguien dijo, a la peruana: “Bueno pues, que se jodan”.
Sendero Luminoso esperó con paciencia hasta la víspera de la fiesta del Espíritu Santo, el 20 de mayo, y esa noche arrastraron fuera de sus casas a veinte uchuraccaínos, buscándolos con una lista. Luego los asesinaron. Lo mismo hicieron el 16 de julio cuando llegaron nuevamente, siempre con una relación de nombres para matar a otros veinte.
El terror era ya general y los llamados de protección a las autoridades eran inútiles. La medianoche de Navidad los senderistas ingresaron tranquilamente al poblado y ultimaron a otros ocho.
Y así, semana tras semana, fueron siendo ubicados los participantes de la tragedia y asesinados. Probablemente el último fue Fortunato Gavilàn, encontrado cerca de la selva con un cartel en el pecho destrozado y que decía “Así mueren los perros traidores”. El número total de muertes fue, como dijimos de 137, adjudicados a Sendero, pero es muy probable que militares participaran en la eliminación de testigos molestos.
Cuando el juicio pasó a Lima, Uchuraccay ya era un pueblo fantasma donde nadie quería vivir. Los comuneros vecinos les habían robado el ganado, saqueado su casas y, sobre todo, repudiado gasta el punto de que nadie quería decir que provenía de Uchuraccay.
En 1987 un Tribunal Especial condenó a tres comuneros a prisión por el crimen.
Uno murió en la cárcel y los otros salieron relativamente pronto y desaparecieron.
¿Y el pueblo? En 1993 una veintena de familias se animó a regresar bajo la protección del Consejo Evangélico y, lentamente, la vida volvió a la Comunidad que reconstruyó sus casas en otro lugar y hoy se dedica a tejidos de exportación. Es casi próspera.
Pero el proceso Uchuraccay sigue abierto en el Sétimo Juzgado de Procesos en Reserva de Lima porque hay acusados no habidos y la justicia no puede hacer desaparecer un caso tan sobresaliente.
Los campesinos asesinos o cómplices resultaron ser, al final, la parte más frágil del conflicto y pagaron con la vida su trágica equivocación. Porque los verdaderos responsables –civiles y militares- fueron protegidos, encubiertos y se libraron de todo castigo. Fue, una vez más, el triunfo de la impunidad.


COLOFON: El viernes 26 de enero del 2007 ningún periódico publicó una sola línea del luctuoso aniversario, olvidando así Uchuraccay. Es evidente que la nueva generación de periodistas no siente la tragedia como la vivieron y lloraron los colegas de los ochentas.
Ojalá, repito, alguien se anime a escribir la gran crónica de Uchuraccay y la publique como libro para que las nuevas generaciones de periodistas tengan memoria del horrendo crimen. Recordemos que el próximo año se cumplirán 25 años de la masacre.

FIN

jueves, enero 25, 2007

Uchuraccay, 24 años (III)

-¿Qué buscaban esos periodistas?

El penoso viaje de los ocho periodistas a las alturas de Uchuraccay ha sido descrito con detalle. Dónde pararon, qué comieron, el soroche de Sedano, el malestar de Chávez.
Pero muy poco sabemos del motivo real de la excursión, las razones por las que todo un equipo de corresponsales limeños poco preparados decidió afrontar un viaje que se sabía largo, difícil y, sobre todo, peligroso.
Todos estaban informados de que los feroces “Sinchis”de la policía hormigueaban en la zona, que Sendero anunciaba la guerra a los campesinos que habían matado a sus militantes, que la extrema tensión casi podía respirarse. Y a pesar de todo, decidieron el viaje.
Se afirma que el motivo fue llegar hasta Huaychao para comprobar razones y veracidad de los rumores de ejecuciones que Gustavo Gorriti y Oscar Medrano documentarían después para “Caretas”. Ambos llegaron a Ayacucho cuando los reporteros salían del Hostal Santa Rosa. Ni unos ni otros sabían de sus actividades. Y lograron lugar en el helicóptero para Huaychao al día siguiente, el 27. Constataron la matanza y regresaron a Ayacucho en la noche.
Pero ¿esto justificaba la temeraria excursión?
No tengo dudas de que esos magníficos periodistas se movilizaron por razones mayores, en búsqueda de noticias más importantes que la constatación de la masacre de Huaychao. José María Salcedo, por ejemplo, recoge la especulación de que los cadáveres de esa comunidad eran de niños y que mataron a los periodistas para impedir que llegaran a esa comunidad, siendo interceptados antes (“Las tumbas de Uchuraccay”, p. 189).
Pero hay otra hipótesis que nos parece verosímil: es probable que en Ayacucho hubieran hecho contacto con militantes senderistas y esperaban encontrar a sus mandos para hacer entrevistas, fotos. Sería una primicia mundial, un notición, pues hasta entonces Sendero era solamente un conjunto de fantasmas y de cadáveres que el Gobierno afirmaba que eran subversivos.
Aparentemente tenían como contacto al guía Argumedo, a quien los comuneros de Uchuraccay reconocerían como antiguo senderista y lo asesinarían poco después de los propios periodistas.
Luego de conocer la matanza de presuntos senderistas en Huaychao, la comunidad de Uchuraccay entró en extrema tensión, temerosa de que en cualquier momento incursionaran las vengativas huestes senderistas. Dormían en agujeros en los cerros, velaban hasta el amanecer, vigilantes de cualquier movimiento, detenían a viajeros y se calmaban bebiendo cañazo del peor.
El 26 de enero en la tarde había una reunión en la casa de Fortunato Gavilán, el teniente gobernador. Las botellas volaban de boca en boca porque el día anterior habían celebrado un cumpleaños y el festejo tenía para rato.
“¡Ya están viniendo, los terroristas están viniendo!” gritó alguien y todos salieron corriendo hacia el cerro Wachwaqasa a atajar al grupo que se acercaba despacio, con las manos en alto, quizá agitando un trapo blanco.
El antropólogo Ponciano del Pino reconstruyó la escena a base de numerosos testimonios: “Los acorralaron a los pocos minutos, mientras otros corrían persiguiendo al guía que los había dejado en la cumbre del pueblo. En actitud bélica, los campesinos portaban palos, hachas, piedras y lazos. Los periodistas estaban temblando. “No podían hablar” es como recuerda uno de los campesinos que entrevisté. No había comunicación. Era un diálogo de sordos…”.
No escucharon a los que hablaban quechua, todos gritaban a la vez y finalmente les indicaron que bajaran hacia el pueblo… “una de las autoridades dudó y dio la orden de matarlos”.
Una treintena de hombres y mujeres, adultos y jóvenes atacaron ferozmente a los periodistas con palos, piedras, hachazos, golpes hasta hacerlos caer para rematarlos con crueldad.
Luego los desnudaron, robaron sus ropas y pertenencias y los enterraron superficialmente porque debían mostrarlos, como los de Huaychao. Y volvieron a beber, contentos de haber matado a los ocho “senderistas” y sin imaginar no solo que habían cometido un terrible error sino que habían asegurado su propia sentencia de muerte.
Porque en los próximos meses todos los verdugos de Uchuraccay serían asesinados, hasta un total de 137 de un población total de 400 comuneros. Repito: 137.

miércoles, enero 24, 2007

Uchuraccay, 24 años (II)

La semilla de la tragedia

El drama de Uchuraccay se inició mucho antes de la fatídica fecha que conmemoramos y podría fecharse entre julio y agosto de 1981 en que militantes de Sendero llegaron a la comunidad y a otras vecinas para organizar bases de apoyo.
Al año siguiente, 1982, la confrontación con los senderistas fue tan aguda que Uchuraccay expulsó a militantes que querían establecer allí una “Escuela Popular de Mujeres” y poco después el alcalde, Alejandro Huamán, quemó públicamente una bandera roja que Sendero había colocado en un cerro vecino.
Fue su sentencia de muerte porque a los pocos días fue asesinado por los senderistas.
A una hora de camino, en Huaychao, se vivía una problema similar pues Sendero asesinó al presidente y al teniente gobernador de la comunidad.
Al iniciarse 1983 se acentuó el drama. En varios poblados de Huanta, incluyendo Uchuraccay, los comuneros –alentados por los militares- mataron a por lo menos treinta senderistas y provocaron así elogios desmedidos del ejército y del gobierno, incluyendo al propio Presidente Belaúnde.
Por eso, el 22 de enero, los comuneros de Huaychao avisaron, gozosos, que habían ultimado a siete senderistas en una matanza cruel, a pedradas y cuchilladas. Leamos la reconstrucción de los antropólogos La Serna y Berrocal que llegaron a la comunidad más de veinte años después y encontraron sobrevivientes testigos y actores del crimen:
“Los comuneros de Huaychao y Macabama salieron a saludar a los guerrilleros, y los guiaron a su sala de asamblea… Apenas reunidos, los comuneros escucharon sus discursos que invitaban a alterar la estructura de la organización comunal, sus interrelaciones familiares y luego, calmadamente, se acercaron a los senderistas, sacaron las hachas, cuchillos y piedras que habían escondido bajo sus ponchos y los aporrearon hasta sucumbirlos”.
Los periodistas Gustavo Gorriti y Oscar Medrano de “Caretas” fueron testigos privilegiados de la tragedia pues llegaron a Huaychao en un helicóptero del ejército pocas horas después y enviaron prontamente textos y fotos que la revista publicaría como primicia ante el regocijo gubernamental.
Comentado el sangriento evento, el jefe militar Noel Moral declaró: “Hay una respuesta muy significativa del pueblo ayacuchano en desterrar el terrorismo. Con esta acción (se refería a las masacres de Macabamba y Huaychao) los hombres y mujeres están demostrando coraje y virilidad para no continuar siendo mancillados por un pequeño grupo de ideas descabelladas”.
El entusiasmo llegó hasta el diario “El Comercio” que el mismo día 26 de enero
dijo en un editorial titulado “El pueblo se defiende”:
“Dos comunidades campesinas, entrañas vivas de la nacionalidad, han dado al país un ejemplo de viril certidumbre en la defensa de los derechos humanos y de sus derechos… el pueblo peruano es el de Huaychao y Uchuraccay. No se somete a delincuentes… lo que hace el pueblo con esa gente es darle su merecido. Para liberarse de su amenaza y para salvar al país de esa verguenza”. (26.1.83. p. A-2).
La zona completa supo pronto de las muertes y de los elogios y recompensas a los ejecutores pues la noticia voló de pueblo en pueblo, incluyendo naturalmente a la comunidad de Uchuraccay que era ciertamente pobre y atrasada pero nada de primitiva como se hizo creer después.
El hecho es que la semilla de la violencia había sido sembrada y los comuneros colocaron vigías en los cerros que, premunidos de pitos, debían avisar si venían extraños. La consigna militar era: “Los amigos vienen por aire, los enemigos vienen a pie… a estos hay que matarlos”.
Esos “extraños” resultaron ser los periodistas que subía trabajosamente hacia Uchuraccay esperando descansar un rato para luego seguir a Huaychao, el lugar de la masacre, donde esperaban confirmar varias informaciones.

martes, enero 23, 2007

Uchuraccay, 24 años



¿Porqué no se ha escrito todavía la gran crónica de la tragedia de Uchuraccay del 26 de Enero de 1983? ¿Acaso no han transcurrido años suficientes como para tomar distancia y narrarla con esfuerzo de objetividad? Parece que estos 24 años no son bastantes y que será necesario que se extinga toda una generación de los involucrados, esto es, periodistas, familiares, militares, campesinos , etc.
Muchos periodistas extranjeros se han sorprendido de no encontrar un buen texto sobre el caso que conmovió a la opinión mundial. Ocho periodistas asesinados en los Andes peruanos es aparentemente una historia que se escribe sola. Pero no ha sido así.
Que sepamos, solo hay una crónica sobre el tema y fue escrita por el conocido y hoy polifacético José María “Chema” Salcedo”. Hay otro libro, de fotos, editado y publicado por Guillermo Thorndike en 1983 y titulado “Uchuraccay. Testimonio de una masacre”. Reúne fotos de una docena de reporteros. El conocido periodista se limitó a redactar las leyendas o pie de fotos.
Hay también una buena recopilación de artículos de periódicos que fueron organizados y publicados por el poeta y periodista Juan Cristóbal (seudónimo de José Pardo del Arco). El libro “Uchuraccay o el rostro de la barbarie”, fue editado por el autor en el 2003. También es difícil ubicarlos en librerías.
El texto de Salcedo se titula “Las tumbas de Uchuraccay” y compruebo que es una rareza bibliográfica pues no está en Bibliotecas locales y tampoco se consigue para comprar. Para alivio académico añadiré que lo veo en el catálogo de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU.
José María Salcedo era director del ya histórico Diario Marka en 1983. El periódico era un denodado esfuerzo de la izquierda por reunir talentos, dinero y espíritu de unidad para editar el diario (toda una historia que se merece una buena crónica). Y su aparición en las calles casi coincidió con el inicio de acciones armadas de Sendero Luminoso, que le abría así un frente no imaginado a la izquierda.
El Diario Marka se proclamó antisenderista y cubrió con corresponsales y enviados especiales los sucesos de Ayacucho. Fue así como murieron tres de sus periodistas (de la Piniella, Sánchez, Infante).
Salcedo estuvo entre los que viajaron el domingo 30 de enero a Ayacucho para el penoso trámite de traer los cadáveres a Lima y comenzó a recopilar el material para la crónica que publicaría un año más tarde, cuando ya no era director del Diario Marka.
Para contar la historia eligió la técnica del narrador externo, describiendo a “José María Salcedo” y sus indagaciones. Aparecen como personajes centrales los periodistas asesinados, el general Noel Moral, el corresponsal Luis Morales y muchos otros; se cuenta historias de periodistas y de periódicos y recoge medio centenar de testimonios que incorpora a la crónica.
Pero sobre todo, y es explicable en el contexto, recoge y defiende la versión de que hubo extraños (“Sinchis” de la policía) en Uchuraccay que si no fueron los asesinos por lo menos alentaron a los comuneros. Contradijo así a la Comisión Vargas Llosa.
Hacia el 90 se conocía que el periodista norteamericano Phil Bennet estaba trabajando el tema y que pronto publicaría el libro que todos aguardaban porque quizá una voz externa era lo mejor. Pero el colega abandonó el proyecto, no sabemos porqué, luego de recaudar enorme y muy valiosa información.
“Caretas” reveló que ladrones se metieron en su casa en 1991 y le robaron la computadora donde guardaba sus informes. Algo pudo reconstruir pero parece que no lo suficiente para redactar el texto esperado. Phil Bennet ya no está en el Perú –que sepamos.

Mañana: ¿Porqué, Cómo, Quiénes?

sábado, enero 20, 2007

¿Art Buchwald ha muerto?


Se asegura que Art Buchwald ha muerto pero debemos tener cuidado pues puede ser una de sus bromas porque era capaz de engañar a la mismísima Parca. Habrán leído ya que le dieron cuatro semanas de vida, vivió casi un año, escribió su libro 31 titulado “Demasiado pronto para morir” y acabó diciendo: “Morir es fácil.. lo difícil es hallar estacionamiento”.
Buchwald fue el más formidable humorista político de los Estados Unidos y seguramente de los mejores del mundo (no conozco a los europeos, africanos, etc.) y realizó una importante labor docente en su país porque enseñó a los gringos a reírse de ellos mismos y a carcajadas.
Solo tengo dos libros del Maestro: “La Gran Sociedad”, el único traducido al castellano, me parece (Galerna, Buenos Aires, 1986) y “I’m not a crook” (Putnam Son’s, New York, 1973). En este último dice en su breve prólogo: “Este libro está tardíamente dedicado a Richard M. Nixon, el 37 Presidente de los Estados Unidos, quien me proveyó de más historias que cualquier otro hombre que haya vivido jamás en la Casa Blanca. Gracias a Watergate y su cobertura tuve dos
gloriosos años de material…”
Fue el periodista más leído –cien periódicos tres veces por semana. y mejor pagado de su país.
Les paso un ejemplo de cómo escribía y que traduzco como puedo:

BREZHNEV Y WATERGATE

El Jefe del Partido Comunista Leonid Brezhnev se encontró con Henry Kissinger en la casa del líder soviético en las afueras de Moscú (durante la visita de Nixon a la URSS). Naturalmente, la conversación giró alrededor de Watergate y esto, en esencia, fue lo que se dijo:

-Gospodin Kissinger, no comprendo todo este asunto de Watergate que tiene lugar en su país.
-Bueno, señor Brezhnev, es muy difícil de explicar. Parece que miembros del partido político del Presidente espiaron las oficinas del partido de oposición.
-¿Y qué problema hay con eso, Gospodin Kssinger? Nosotros lo hacemos todo el tiempo.
-Pero usted no tiene partido de oposición.
-Es verdad. Pero nosotros espiamos nuestro propio partido. Nunca podemos confiar en nuestros propios miembros.
-En todo caso, señor Brezhnev, siete hombres fueron atrapados por el delito. Uno de ellos confesó que importantes miembros del partido Presidencial estaban involucrados…
-¿Cuál es el problema con los importantes miembros del partido del Presidente investigando lo que hacían contrarrevolucionarios revisionistas?
-Ese es el modo en que nuestra gente lo siente pero infortunadamente algunos periodistas pescaron la historia y comenzaron a escribirla.
-¿Y porqué el Presidente no puso a los periodistas en un manicomio?
-No podemos hacer eso en los Estados Unidos, señor Brezhnev.
-Eso está muy mal. Usted no puede tener orden y disciplina en un país si no es capaz de poner a los escritores en una institución mental.
-Es verdad. El problema real, pienso, fue que después del juicio Watergate se reveló que miembros de la Casa Blanca trataron de obstruir a la justicia y mantener fuera del caso a ciertos implicados…
-Naturalmente, Gospodin Kissinger. ¿Qué otra cosa se podía hacer?
-En nuestro país, la gente quiere ir al fondo de de las cosas. Quieren saber quién es el responsable del delito.
-¿Y porque el Presidente Nixon no fusiló a todos los que tuvieron algo que ver con Watergate para que nadie hablara?
-Algunos de los involucrados eran sus mejores amigos.
-En la Unión Soviética un líder no tiene amigos. Debe hacer lo correcto para el pueblo aunque esto signifique la pérdida de algunos burócratas.
-Estamos en diferentes sistemas, señor Brezhnev, nosotros debemos respetar la Constitución. El Presidente debe responsabilizarse por lo que hacen sus subordinados sin importar lo serio del delito.
-¿Qué clase de sistema judicial es ese? El Presidente podría torturar a sus subordinados hasta que confiesen que él no tuvo nada que ver.
-Pensamos en eso pero no lo hicimos porque el Congreso habría desatado una tormenta.
-¿Y porqué el Presidente no llamó al Ejército para que arreste al Congreso?
-No podemos hacer eso, señor Brezhnev, la gente jamás lo aceptaría.
-En nuestro país, nosotros somos el pueblo. Y arrestamos a cualquiera que querramos.
-Yo sé, señor Brezhnev, yo sé. Ahora, volvamos a su reunión con el Presidente Nixon.
-No estoy seguro de querer reunirme con un líder mundial que no puede espiar a sus enemigos sin que lo atrapen…
……………..

viernes, enero 19, 2007

"La Primera" ¿al cierre??


La salida de César Hildebrandt parece ser la sentencia final del diario “La Primera” que difícilmente podrá recuperarse de los problemas que afronta.
Las informaciones son contradictorias pero es objetivo que el director EnriqueSánchez Hernani renunció por problemas de línea política y lo siguieron otros, sumándose algunos despidos. Por lo menos hoy no aparece ya su columna diaria luego de anunciar, ayer, que supeditaría su presencia a los cambios editoriales.
Parecería una historia repetida mil veces en el periodismo peruano de diarios que fracasan pero esta vez tiene como significativa que reaviva el también viejo dilema de periodistas que no aceptan cambios de línea política o que, como el caso de Hildebrandt, exigen una isla, una burbuja independiente de la línea general del diario.
Recordemos también que don César fue quien soltó la noticiadel hijo ilegítimo del presidente García y estaría por tanto en la nutrida ListaNegra del Apra.
El dueño actual es, como se sabe, el comerciante Ricardo Wong (sí, el mismo que fue encausado por el caso del incendio de Mesa Redonda) que lo compró a Juan Carlos Tafur, un liberal exTurco y que no sabemos dónde está.
Se afirma que Wong decidió abandonar la neutralidad y apoyar a fondo al gobierno aprista, haciendo así saltar a media redacción que alegó que no fueron contratados como apristas. Pero ¿no es acaso legítimo que el dueño de una publicación decida la opción política? Si los periodistas no están de acuerdo podrían seguramente –en teoría- apelar a la Claúsula de Conciencia y aprender a convivir en un periódico ajeno a sus propias ideas. Esto no es nuevo.
El propio Sánchez Hernani, el renunciante, fue director de“El Peruano” en tiempos de Fujimori y nadie, que sepamos, le reprochó afección al fujimorismo y lo mismo con los siguientes directores del periódico oficial.
Y haciendo memoria, podríamos recordar que en “La Prensa” de Pedro Beltrán (la derecha de la derecha) trabajaban periodistas de filiación política convicta y confesa y diametralmente contraria –como el caso del famoso Sebastián Salazar Bondy.
Acabamos de ver una extensa lista de “Asesores” del diario “El Comercio” y anotamos presencias que no suscribirían completa la línea editorial de la vieja hoja conservadora pero que han aceptado la relación en calidad de profesionales especializados. No sé si tendríamos que reprocharles algo.
“La Primera” es una buena vitrina para todos estos temas tan controvertidos y ojalá sus problemas se resuelvan sin perjudicar a los más débiles en todo esto, es decir, los periodistas.


miércoles, enero 17, 2007

Una tragedia marxista


-“Muramos juntos, el suicidio será la consagración de nuestro amor” afirman que fue la propuesta que hizo Eleanor Marx al hombre que idolatraba, Edward Aveling. El aceptó y salió a conseguir ácido prúsico, el veneno que daría fin a sus vidas atormentadas pero frente al vaso definitivo se arrepintió y huyó de la casa.
Tussy, como la llamaba su célebre padre, redactó entonces una carta que terminaba: “Mi última palabra para ti es la misma que te dije durante todos estos largos, tristes años... amor”. Y esa mañana de marzo de 1898 bebió la copa fatal.
Solo tenía 43 años.La última hija de Karl Marx nació en Londres el 16 de enero de 1855 y fue probablemente la activista más diligente e importante de las ideas paternas, que defendía con la misma pasión que ponía en todo lo que hacía, incluyendo el amor pues sus enamoramientos fueron fulminantes y al final, trágicos.
La familia Marx, como se sabe, entusiasmada por la Comuna, se mudó a París en1870 pero luego de la sangrienta represión y derrota regresó a Londres. Eleanor había participado en varios episodios de la Comuna, conocido a sus líderes y puso toda su energía en ayudar a los refugiados franceses que huían de la persecución.
Fue entonces cuando se enamoró del periodista OlivierLissagaray, un amor imposible pues él le doblaba en edad -ella tenía 17 años- y las familias de ambos se oponían con violencia a la relación que continuó a escondidas por casi diez años.
Tussy se dedicó entonces a la actividad intelectual y política. Dictaba clases de idiomas, de política, pero era prisionera de la enfermedad de sus padres por ser la única soltera.
Cuando Marx murió, en 1883, Eleanor rompió con otra regla social y decidió vivir con Edward Aveling, orador y periodista socialista de pésima reputación personal pero, sobre todo, casado.
Era un canalla que le hizo la vida imposible pero así y todo Tussy encontró tiempo para escribir, traducir. Editó las obras completas de su padre, tradujo y publicó Madame Bovary de Flaubert, obras de Ibsen, etc.
Era extremadamente sensible, nerviosa y adoraba la memoria de su padre. Por eso fue un duro golpe saber en 1895, que Frederic Engels había asumido la paternidad de un hijo ilegítimo de su padre para evitarle un problema pues se trataba de amores con la empleada de la casa. Los enemigos de Marx hicieron por supuesto un escándalo que avergonzó a la ya famosa familia.
Aveling enfermó después seriamente y Tussy se dedicó a cuidarlo con todo el afecto y pasión que le eran habituales pero un día abrió una carta dirigida a su pareja ydescubrió horrorizada que, viudo hacía poco, se había casado en secreto con una actriz.
Nada pudo rehacer a Evelyn Marx del durísimo golpe pero siguió viviendo con. Aveling, que la maltrataba, le exigía dinero hasta que algún día pactaron el suicidio. Pero él, como dijimos, no cumplió y ella sí.
La noticia conmovió profundamente a los socialistas y Aveling pasó a ser el personaje más repudiado de Londres. Abatido, quizá arrepentido, murió a los cinco meses. Nadie asistió a su entierro.
Quizá se recuerde que una docena de años más tarde, su hermana Laura Marx se suicidó junto con su esposo, Paul Lafarge, otro personaje que las niñas Marx habían conocido en los viejos y esperanzados tiempos del París de la Comuna.


sábado, enero 13, 2007

El chato Pedro Infante


Fortachón, chato, con sonrisa y simpatía profesionales y sobre todo, absolutamente sorprendido por el entusiasmo limeño. Así nos pareció el famoso Pedro Infante esa soleada mañana de aquel día de enero de 1957 en que un puñado de periodistas y miles de admiradores fuimos al aeropuerto a recibirlo.
-¿Tú conociste a Pedro Infante? –me pregunta una sobrina, sorprendida no sé si por la revelación o porque El Comercio ha publicado que “hace cincuenta años llegó a Lima el gran charro cantor y actor…”.
Cincuenta años, efectivamente. Yo estaba encargado de la Página de Espectáculos de la edición matutina de La Crónica y por supuesto preparamos todo para la cobertura del arribo del mexicano, por entonces uno de los personajes más populares de América y especialmente por sus actuaciones en el cine.
No tenía mucha voz y lo superaban largamente otros charros cantores como Jorge Negrete, en primer lugar. Pero se había revelado primero como un buen comediante y luego había la fama logrado en roles dramáticos. Las lágrimas corrían a raudales en el cine San Martín en particular cuando Pedro Infante era objeto del desprecio de alguna rica heredera a quien amaba pero no podía pretender porque pobre de solemnidad. Y más lágrimas brotaban cuando Pedrito superaba todos los obstáculos y aseguraba el amor de la bella que caía rendida ante sus músculos y sus serenatas.
Era el número uno de la edad de oro del cine mexicano, de los viejos buenos tiempos de los charros
Cuando aterrizó el avión en la Corpac, ya eran miles los noveleros limeños que aguardaban la llegada, superando barreras policiales y lanzándose para ver al ídolo, que trepó como pudo a una limosina y arrancó rumbo al Hotel Bolívar.
Nosotros, fotógrafos y yo, hicimos lo mismo y llegamos antes. En el lobby del hotel estaba mi antiguo colega Carlitos Paz, de La Prensa, que sabía el número de la habitación del divo así que subimos corriendo, lo esperamos y nos colamos en tropel junto con representantes, otros periodistas, policías, un par de admiradoras.
Infante soportaba con paciencia aquel verdadero asalto. Posaba, inflaba los bíceps a pedido para demostrar que era un real fìsico culturista y sudando a chorros pedía más agua que un solícito ayudante azteca le proveía.
En la calle, una multitud lo reclamaba así que don Pedro salió a la ventana a sorprenderse una vez más por su popularidad.
-“Híjole, qué bárbaros... bueno, déjeme dormir cuates, nos vemos en la nochecita, ahí les cuento lo que quieran” –nos pidió, eso sí, siempre sonriendo, abrazando, firmando.
Antes de irnos anotamos su pedido de desayuno; filet mignon, cuatro huevos fritos y una jarra de café negro.
Pedro Infante estuvo una semana en Lima y cantó en el teatro Porvenir y el cine City Hall, luego siguió viaje y nos olvidamos de él.
En abril llegó la trágica noticia de su muerte pilotando un avión de su empresa.
Era un fanático de la aviación y recuerdo que cuando alguien le preguntó si todavía tenía algún deseo porque ya poseía fama y fortuna, Infante contestó:
-Sí, quisiera tener un avión a chorro.

martes, enero 09, 2007

¿Insultó Chávez a Insulza?

"No sea pendejo... Insulza", explotó el presidente Hugo Chávez. Y siguió: "Vaya que es bien pendejo, desde la p hasta la o. El doctor Insulza, da pena'', agregó.
Allá en Washington en la oficina de la OEA se hizo el más ruidoso silencio.
Porque ¿cómo y qué contestar a un Presidente que carece de los modales que exigen los cánones diplomáticos y al que la OEA, al viejo estilo castrista, le llega altamente al(CENSURADO) …?
Pero primero, claro, hay que establecer el calibre del presunto insulto porque de eso depende la respuesta que, con seguridad, el mañoso chileno debe estar craneando aunque luego, claro, de estar seguro del peso del epíteto.
Chávez siguió todavía: "Está muy equivocado y no le tenemos miedo. Sencillamente, no se meta con nosotros porque no permitimos a nadie que se meta en nuestros asuntos internos. La decisión de no renovar la concesión a RCTV es irreversible".
“La Chuleta Venezolana”, con el subtítulo de “Diccionario de palabras, expresiones, groserías y demás venezolanadas” es el mejor sitio de internet para consultar cuestiones como ésa y allí dice: “Pendejo: tonto, bobo”.
El diccionario de la venerable academia hispana va más allá y afirma: “cobarde, pusilánime”, y advierte que solo en el Perú es al revés porque aquí, efectivamente, un pendejo es, como dice la Academia, un “taimado, un astuto”.
Veamos lo que dicen los especialistas criollos:
El venerable Guillermo Bendezú (1977) nos dice de Pendejo: “Habilidoso, malintencionado, avivato”. Por Pendejada agrega “Arbitrariedad, acto ilícito”. Aporta algo más, que no dice la Academia : “Vellosidad en la zona sexual de las personas” y cita como ejemplo la frase:”Aséate bien los pendejos antes de ir al tono”
Don Miguel Ugarte Chamorro dijo póstumamente (1997) que un Pendejo era un Astuto, taimado, bellaco, atrevido.
Más cerca, Igor Larco (2000) dice de Pendejada: “Acto reprochable, que perjudica a una persona” y también “acto gracioso, broma ocurrente”.
Total, parece que los peruanos hemos aportado un significado distinto al término chavista pues aquí Pendejo quiere decir Vivo y allá arriba Pendejo quiere decir, digamos, Huevón. Al revés.
Y sobre la otra rara acepción, en su último libro, el polígrafo Marco Aurelio Denegri se extiende sobre las vellosidades aquellas en un texto titulado “Población pendejística total” afirmando que son las mujeres blancas las de “mayor abundancia tricósica”. “Por ejemplo, una mujer bastante poblada, de un metro sesenta de estatura, cincuenta y tres kilos de peso, con un triángulo
piloso-pubiano cuyo lado superior es de dieciocho centímetros y con un eje de veintiuno desde el lado medio de tal lado superior hasta el ano, tiene por centímetro cuadrado alrededor de ciento cuarenta pendejos, y en total, unos dieciocho mil. Las hipertricósicas o muy peludas tienen arriba de veinte mil, y las que contrastan nítidamente con éstas, por lo ralas, entre ocho y diez mil”
(¿A quién se los habrá contado Denegri?).
Pero hay algo más: Chávez dijo que Insulza daba “pena”, que en algunos países significa “vergüenza” y no “pesar”, como en el Perú.
Parecería entonces, que si traducimos la frase del Presidente Chávez, ésta sería: “No sea huevón Insulza. El doctor Insulza da vergüenza”.
¿Y ahora? ¿Qué le contestará el Secretario General de la OEA? Algo ingenioso, seguramente, que aguardamos con impaciencia para enriquecer el vocabulario diplomático que ya registra “Pendejo” como sinónimo del chilenísimo “Huevón”.
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lunes, enero 08, 2007

El "maldito" Beto Ortiz

-“Escribir maldito”


Beto Ortiz, periodista y animador cultural, debe contar con un récord de adjetivos endilgados por amigos y enemigos, admiradores y detractores. Citemos, por ejemplo, irreverente, atrevido, irrespetuoso, un poco desvergonzado y a veces hasta insolente. Y también cronista talentoso, perspicaz, culto y crítico lúcido, además de conocedor como pocos de aquella extraña cultura del consumo y cursilería que une a limeños con miamenses y norteamericanos en general.
¿Es así el conocido coleguita? ¿O es quizá una imagen cuidadosamente cultivada para alborotar a un entorno que cada vez se perturba menos porque ya no quedan casi espacios para el escándalo?
Normalmente a los periodistas, y escritores en general, se les juzga por lo escrito y sin ir más allá, salvo que su vida privada adquiera relevancia digna de ser conocida. Pocos son los periodistas criollos que han logrado el nivel de cronistas a la vez que protagonistas del espectáculo.
Beto Ortiz es uno de ellos. No conozco bien su biografía; lo recuerdo en la televisión entrevistando a personajes pero sobre todo lo aprecié en sus crónicas por su estilo abierto, fresco y desenfadado. Algunos de aquellos textos forman parte de su libro “Grandes Sobras. Crónicas” editado por Sed, en Lima, el pasado 2006.
“Tener a Beto como columnista… constituye, por muchas razones, un verdadero dolor de cabeza, porque contar con él en el diario es una receta segura para la generación de problemas” dice en el prólogo de su libro Augusto Alvarez Rodrich, director del cotidiano Perú21 y que confiesa su incomodidad cuando se ve obligado a rechazarle artículos “porque ya se pasaban de faltosos”.
Se trata , imaginarán ya, de una antología de crónicas redactadas y publicadas a lo largo de por lo menos diez años en distintos periódicos limeños, lo que ratifica su vocación de inconforme gitano mediático.
Lo interesante es que Beto Ortiz propone una receta para lo que llama “escribir maldito” (que ha llevado al aula porque está dictando un curso con ese tema y con el auspicio de “Etiqueta Negra”) y que es más que escribir “irreverente” o “insolente”. Porque un “maldito” en nuestra jerga es un atrevido pero también es algo que causa admiración.
En el texto que cierra el libro, Ortiz propone como receta: Vive triste; Sufre como negro, como cholo o como chino; Lee; Colecciona palabras como si fueran figuritas; Escribe lo que te incomode; Escribe de 8 a 12 religiosamente; Escucha música sin letra; Pon el aire acondicionado a 73 grados Fahrenheit; Déjate llevar por todas las distracciones; y No pienses. “Y, en la medida se lo posible, cállate la boca. Y deja que el que hable sea el alien que, tarde o temprano, crecerá y te pondrá a escribir sus dictados infernales...”.
Ortiz bromea con sus textos, es verdad. Pero no tienen nada de chistosos y son más bien testimonios dramáticos de este periodista hiperinconforme, extremadamente sensible y observador perspicaz, que lleva a la tinta y el papel un auténtico mural de escenas de vida criollas, de barrio y de esquina, dibujadas con mano firme y certera.
Ha regresado a Lima, haciendo ruido, luego de cuatro años de exilio o mejor, de lucha porfiada por la vida en aquel presunto paraíso que son los Estados Unidos. Pronto lo veremos seguramente en televisión y ojalá que siga escribiendo pero sobre todo, que le publiquen lo que escribe.